Desde el inicio de su Presidencia, Trump ha hecho muchas cosas malas e innumerables estupideces. A veces tiene la habilidad de combinar ambas cosas. Una de esas ocasiones en que mezcla lo dañino con lo estúpido es la ilógica guerra comercial que ha emprendido con China. Para que rápidamente puedas entender lo que esto significa, delimitemos algunos puntos básicos:

  • Sus puntos de vista sobre el comercio son tan incoherentes como incomprensibles son sus exigencias.
  • Trump sobrevalora su capacidad de infligir daño a China mientras que minimiza o subvalora el daño que China puede hacernos en revancha, aunque hasta ahora la respuesta de Pekín ha sido bastante modesta y moderada, sobre todo tomando en cuenta la agresividad de Donald y su equipo.
  • EE UU ha impuesto o anunciado aranceles sobre prácticamente todo lo que China le vende, a un nivel que nunca antes se había visto. Los chinos, en cambio, todavía no han desplegado toda la gama de instrumentos a su disposición para contrarrestar las acciones de Trump.

La gran pregunta entonces es: ¿Por qué los chinos no le han respondido de manera contundente, será que le tienen miedo?

Pues parece que no. Según cree el Premio Nobel en Economía, Paul Krugman, más acertado sería decir que los chinos están intentando enseñar a Trump un poco de economía. En efecto, lo que han estado diciendo con sus actos es lo siguiente: “Creéis que nos podéis intimidar. Pero no podéis. Nosotros, en cambio, podemos arruinar a vuestros agricultores y reventar vuestro mercado bursátil. ¿Queréis reconsiderar la situación?”. Sin embargo, no hay indicios de que este mensaje esté llegando a los oídos del fallido magnate de casinos en bancarrota.

Por el contrario, cada vez que dan una tregua y brindan a Trump la oportunidad de recapacitar, él se lo toma como una prueba de que tiene razón y aprieta aún más. A su vez, lo que esto da a entender es que en cualquier momento los disparos de advertencia se convertirán en una guerra comercial y de divisas en toda regla.

Con respecto a los puntos de vista de Trump, su incoherencia queda de manifiesto casi todos los días, pero uno de sus últimos tuits fue una ilustración perfecta. Recuerden que Trump no ha parado de quejarse de la fortaleza del dólar que, según él, deja a EE UU en una posición de desventaja competitiva. El pasado lunes consiguió que el Departamento del Tesoro declarase que China es un manipulador de divisas, lo cual era cierto hace siete u ocho años, pero no ahora. Sin embargo, justo al día siguiente escribía con aire triunfal que “cantidades ingentes de dinero de China y de otras partes del mundo están entrando a raudales en Estados Unidos”, y declaraba que “es bonito ver algo así”.

¿Y qué pasa cuando “cantidades ingentes de dinero” entran en un país? Pues que la moneda se revaloriza, que es exactamente de lo que se queja Trump. Y si estuvieran saliendo grandes cantidades de dinero de China, el yuan se estaría desplomando, no experimentando la caída trivial (de un 2%) que denunciaba el Tesoro.

Ahora bien, ¿se rendirá China ante sus exigencias? Pues la verdad que al final del día nadie sabe ni siquiera cuáles son esas exigencias. Lo que parece molestar a Trump es el superávit comercial de China con EE UU, el cual tiene múltiples causas y en realidad no se encuentra bajo el control del Gobierno chino.

Algunos otros miembros de su Administración parecen preocupados por los avances de China en los sectores tecnológicos, los cuales, efectivamente, podrían amenazar el dominio estadounidense. Pero China es una superpotencia económica y al mismo tiempo relativamente pobre en comparación con EE UU; es extremadamente poco realista imaginar que se puede empujar a un país de estas características a recular en sus ambiciones tecnológicas.

Y la otra gran pregunta es, ¿Cuánto poder tiene realmente EE UU en esta situación? EE UU es, lógicamente, un mercado de primer orden para las mercancías chinas y China compra relativamente poco a cambio, de modo que las consecuencias adversas directas de una guerra de aranceles son peores para los chinos. Pero es importante tener un sentido de la proporción. China no es como México, que envía un 80% de sus exportaciones a EE UU; la economía china depende menos del comercio que otros países más pequeños y a EE UU llega menos de una quinta parte de sus exportaciones.

De forma que, aunque los aranceles de Trump sin duda perjudican a los chinos, Pekín está bastante bien posicionada para contrarrestar sus efectos. China puede inflar el gasto interno con un estímulo monetario y fiscal; y puede potenciar sus exportaciones, tanto al mundo en general como a EE UU, dejando que caiga el yuan.

La leve devaluación de Pekín es un intento de mostrar que está en una posición mucho más débil de la que imagina

Al mismo tiempo, China también puede hacer daño. Puede comprar las semillas de soja en otra parte y perjudicar así a los agricultores estadounidenses. Como hemos visto esta semana, incluso un debilitamiento fundamentalmente simbólico del yuan puede hacer que se desplomen las acciones de EE UU.

Y la capacidad de Washington para contrarrestar estas maniobras se ve obstaculizada por una combinación de factores técnicos y políticos. La Reserva Federal puede bajar los tipos, pero no mucho en vista de lo bajos que ya están. Se podría implementar un estímulo fiscal, pero después de imponer una rebaja de impuestos beneficiosa para la plutocracia en el 2017, Trump tendría que hacer verdaderas concesiones a los demócratas para sacarles algo más, lo cual seguramente no va a hacer.

¿Y una respuesta internacional coordinada? Es poco probable, tanto porque no está claro lo que Trump quiere de China como porque su beligerancia general (por no hablar de su racismo) ha hecho que casi nadie esté dispuesto a ponerse de parte de EE.UU en las disputas mundiales.

De modo que Trump se encuentra en una posición mucho más débil de lo que imagina y no es descabellado afirmar que la leve devaluación monetaria que ha llevado a cabo China ha sido un intento de mostrarle ese hecho. Pero seguramente Trump no ha aprendido nada. Su Administración ha ido deshaciéndose puntualmente de las personas que sabían algo de economía y según el ciclo de noticias, ahora sabemos que Trump ni siquiera escucha a la banda de ineptos e ignorantes que le quedan.

Así que esta disputa comercial es muy posible que se revierta muy pronto contra todos nosotros, -que somos los que al final pagaremos las consecuencias cuando los precios de nuestro consumo comience a subir aún más de lo que ya está,- cuando China se canse de darle lecciones de economía al más ignorante de todos los presidentes estadounidenses de la historia.