En lo que el fiscal general Bill Barr se aprestaba a testificar ante el Comité Judicial del Senado de los Estados Unidos, el ex director del FBI, James Comey, se dirigió a las páginas del New York Times para criticar al presidente y sus varios adeptos que se han comprometido para cumplir sus órdenes.

En su mordaz artículo, el ex director del FBI apuntó a su ex segundo jefe, Rod Rosenstein, y al colega del Departamento de Justicia, Bill Barr, y los condenó por haber permitido que su historial fuera manchado de “amoralidad” por Donald Trump, un líder singularmente amoral que es capaz de sacar a flote lo peor de quienes le rodean.

“Lo que les pasó a estas personas … La proximidad a un líder amoral revela algo deprimente. Creo que eso es al menos parte de lo que hemos visto con Bill Barr y Rod Rosenstein. Las personas con logros que carecen de fuerza interior no pueden resistir los compromisos necesarios para sobrevivir al Sr. Trump y eso se suma a algo de lo que nunca se recuperarán. Se necesita un carácter como [el del ex Secretario de Defensa James] Mattis para evitar el daño, porque el Sr. Trump se come tu alma en pequeños bocados”, escribe Comey.

El ex director del FBI describe en detalle cómo funciona todo el proceso de la influencia corrupta de Trump, comenzando con la aceptación del aluvión de pequeñas mentiras que constantemente vuelan de su boca siempre agitada, haciéndote cómplice de su abuso de la realidad cuando simpplemente tratas de hacer tu trabajo.

“Hablando en rráfagas sin dejar que otros puedan saltar a la conversación, el Sr. Trump convierte a todos en un co-conspirador de su conjunto preferido de hechos, o delirios. Lo he sentido: este presidente construyó con sus palabras una red de realidad alternativa y envolvió a todos en la sala”.

Comey luego describe cómo el presidente avanza para atacar a las instituciones que aparentemente aprecia, pero continúa guardando silencio en lugar de cumnplir con su deber para tratar de proteger esas instituciones y valores, pero eso representa el último clavo en tu ataúd, pues “él se come tu alma“.

Sientes que esto sucede. Te molesta, al menos hasta cierto punto. Pero su indignante conducta te convence de que simplemente debes permanecer allí para preservar y proteger a las personas, instituciones y valores que aprecias. Junto con los miembros republicanos del Congreso, te dices que eres demasiado importante para que esta nación te pierda, especialmente ahora.

Por supuesto, para permanecer, debe ser visto como parte de su equipo, por lo que haces más compromisos. Tú usas su lenguaje, alabas su liderazgo, promueves su falta de compromiso con los valores.

Y entonces estás perdido. Él ya se ha comido tu alma”.

Por supuesto, todo esto es muy fácil de decir para Comey, ya que lo despidieron sin ceremonias mucho antes de que las cosas se salieran de control en la administración de Trump. También es probable que le resulte útil reflexionar un poco, ya que probablemente fue su decisión decirle al Congreso que estaba volviendo a abrir la investigación del servidor de correo electrónico de Hillary Clinton lo que inclinó la elección a favor de Trump. Pero sus palabras hacen un caso convincente para tratar de explicar cómo hombres tan prominentes se han encontrado haciéndole servilmente el mandado al presidente más amoral que nuestra nación jamás haya visto.

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