Bueno, eso no tomó mucho tiempo.

Solo dos días después de condenar a las grandes empresas por “seguir las señales del Indignado Complejo Industrial” y subirse al tren del despertar estadounidense, y un día después de una súplica muy burlada a las corporaciones estadounidenses para que “se mantengan al margen de la política”, excepto para continuar echando dinero en sus bolsillos y en los de las arcas de campaña de otros republicanos, el líder de la minoría del Senado, Mitch McConnell (R-KY), afirma haber sido tremendamente incomprendido.

Con compañías como Delta Airlines, Coca-Cola y Major League Baseball lanzando declaraciones contundentes condenando la ley de Georgia recientemente aprobada que implementa nuevas regulaciones de votación y con Dow, HP, Salesforce, Under Armour, ViacomCBS, Estée Lauder y otros expresando su indignación por una restricción similar en las leyes que se estaban considerando en Texas y otros estados, McConnell se encontró en la posición poco acostumbrada de criticar duramente a sus patrocinadores habituales por su aceptación total de lo que él llama “desinformación absurda” acerca de las leyes de votación que sus hermanos republicanos estatales están impulsando a través de sus legislaturas.

Su adición ayer de una súplica contradictoria a las corporaciones estadounidenses para que se mantuvieran al margen de la política y al mismo tiempo mantener completamente abiertas las llamas de las donaciones políticas causó una asombrosa incredulidad en las redes sociales cuando McConnell se unió a la descarada raza de republicanos que ya no temen decir la parte tranquila en voz alta.

Aparentemente, eso no fue bien recibido por sus donantes corporativos, ya que estaba cantando una melodía diferente cuando habló hoy en una conferencia de prensa en Paducah, Kentucky.

“No dije eso de manera muy ingeniosa ayer”, admitió el líder de la minoría del Senado en lo que claramente fue un eufemismo. “Ciertamente tienen derecho a involucrarse en política. Ellos lo hacen. Mi principal queja es que no leyeron el maldito proyecto de ley”, se lamentó.

“Mi queja sobre los directores ejecutivos es que deberían leer el maldito proyecto de ley. Se sintieron intimidados para que adoptaran una interpretación de la dada por los demócratas de Georgia para ayudar a salirse con la suya”, trató de aclarar McConnell hoy.

“¿Y cuánto les costó? Parece que les costó el Juego de Estrellas y las Grandes Ligas cometieron el mismo error. No leyeron la ley”, repitió.

O tal vez sí leyeron el proyecto de ley ( el análisis del New York Times  identificó 16 disposiciones que, según dijo, limitarían el acceso a las boletas, confundirían potencialmente a los votantes y darían más poder a los legisladores republicanos) y se dieron cuenta de en qué dirección habían cambiado los vientos políticos y decidieron que su reputación con las personas que usan sus productos y asisten a sus juegos vale más que apuntalar a un partido corrupto sin planes útiles para reconstruir nuestro país y nuestra infraestructura y sin principios rectores excepto oponerse a todo lo que los demócratas ofrecen como soluciones a los problemas más urgentes de nuestra nación.