Donald Trump ya no ocupa la Casa Blanca, aunque aún nos siga fastidiando con su Gran Mentira, sus furibundos ataques y sus intentos de volver a postularse en el 2024. La epidemia de Coronavirus está cediendo (en los países desarrollados). Estados Unidos y el mundo están volviendo a la “normalidad”. Al menos, eso es lo que nos quieren hacer creer los principales medios de comunicación, pero ¿es realmente así?

Vamos por partes:

Esa “normalidad” sigue destruyendo el Planeta a pasos agigantados, con incrementos sostenidos en la polución y los gases de efecto invernadero. Desde 1975, algunos países del mundo, como Suiza, han logrado un mejor control de la industria de los combustibles fósiles, mientras en EEUU, por ejemplo, el impuesto al carbono se ha incrementado un 25% desde 1995 en lo que su economía se ha expandido un 75%. Un tercio de la comida destinada al consumo humano se pierde o se deja echar a perder, incrementando los mencionados gases. Mientras, continúa avanzando la pérdida de la biodiversidad, la deforestación, el calentamiento global y el deshielo de los polos, entre muchas otras cosas que condenan a la ya casi irreversible desaparición de la unica “casa” planetaria que tenemos.

Esa “normalidad” sigue profundizando la ya aberrante inequidad en la distribución de la riqueza, misma que cada vez se concentra más en el 1% de la población del planeta y en la super élite del 0.1%. Seguimos viviendo en un mundo donde podría haber bastante para todos, pero jamás es suficiente para satisfacer la insaciable avaricia de los que tienen más. Mientras el mundo y el más desarrollado de sus países se han visto asolados por una feroz pandemia que provocó que muchos perdieran sus negocios y sus empleos, entre Marzo 18 del 2020 y Abril 15 del 2021, la riqueza colectiva de los billonarios estadounidenses creció en $1.62 trillones, o 55%, de $2.95 trillones a $4.56 trillones.

Esa “normalidad” sigue poniendo en peligro a todos y cada uno de los Gobiernos y pueblos que no se pliegan a los designios de los poderosos, quienes siguen destinando cuantiosos recursos, trucos y presiones para revertir procesos sociales verdaderamente democráticos en todo el mundo, que pueden tener incidencia real en el incremento del nivel de vida de las amplias masas populares.

Esa “normalidad” sigue matando niños y ancianos en Cuba por falta de medicamentos y reactivos para los tratamientos del cáncer y otras enfermedades, debido a una cruel y criminal guerra comercial, financiera, psicológica, diplomática y medática por parte de los EEUU a la pequeña isla del Caribe, agravada por 243 viles medidas tomadas por Donald Trump para eliminar y obstaculizar hasta la más mínima posibilidad del pueblo cubano de obtener los recursos financieros, alimenticios, médicos y de todo tipo que necesitan. El “normalizador” Biden continúa de brazos cruzados, haciendo el juego a una ultra derecha “cubano-miamense” que ni votó por él ni votará jamás por nada que huela a progreso y democracia real en este país.

Esa “normalidad” sigue impidiendo que miles de millones de pobres en el mundo tengan acceso a las vacunas y los medicamentos para contener el COVID, poniendo en peligro la supervivencia de la civilización humana por el egocentrismo y el egoísmo de los más ricos, que ilusamente piensan que sus blindados bunkers subterráneos les protegerán de todo lo que ellos se niegan a ayudar a proteger el mundo.

Esa “normalidad” no ha impedido que los israelíes sigan asesinando palestinos con financiamiento de EEUU . Ni que el gobierno feudal de Arabia Saudita, donde se prepararon los ataques del 11 de Septiembre, se discrimina burdamente a las mujeres y se desmembrara a un periodista estadounidense por lo que parece ser un mandato oficial, siga comprando armamentos por billones a Estados Unidos solo porque así conviene a los jerarcas del Complejo Militar Industrial. Ni que nuestro presupuesto para hacer la guerra sea más grande que el de los 5 países que le siguen, juntos: casi 800 mil millones de dólares.

Esa “normalidad” no ha impedido que los estados controlados por los republicanos estén promulgando leyes de “supresión de votantes” porque lo ven como el único camino de recuperar el poder que han perdido o mantenerlo en ciertos lugares. Tampoco ha logrado contener la Gran Mentira de Donald Trump de que él ganó las elecciones y que Joe Biden le robó la victoria, lo cual sigue siendo una constante para sus fanáticos, que ya no confían en la mal llamada “democracia” estadounidense y se preparan para su “revancha” en las elecciones de término medio del 2022 y las presidenciales del 2024.

Esa “normalidad” no ha hecho nada para juzgar y condenar a los verdaderos responsables de los ataques al Capitolio el pasado 6 de enero. Ni para que Donald Trump rinda cuentas por sus múltiples delitos, cometidos durante su mandato o por los años que dejó de pagar impuestos. También parece “normal” que entre 2011 y 2020, Amazon, Facebook, Alphabet (el propietario de Google), Netflix, Apple y Microsoft, conocidos como “Los Seis de Silicon“, pagaron aproximadamente $ 219 mil millones en impuestos sobre la renta, lo que equivale a solo el 3.6% de sus más de $ 6 billones en ingresos totales, según la Fair Tax Foundation.

Esa “normalidad” no ha hecho nada para impedir que al día de hoy 27 millones de estadounidenses vivan sin seguro médico y que alrededor de 60 millones no acudamos a un médico hasta el último minuto porque no podemos, o nos negamos a pagar los asqueantes y criminales costos de los medicamentos y copagos. Ni que más de medio siglo después de que Lyndon Johnson declarara una “guerra incondicional contra la pobreza“, EEUU aún tiene que descubrir como ganarla, mostrando algunos de los peores índices de pobreza entre las naciones desarrolladas.

Entonces, ¿de qué NORMALIDAD hablan, canallas?