Estamos viviendo tiempos turbulentos, y mientras muchos de nosotros sigamos entrando en pánico por cada noticia que difunden Trump y la ultraderecha acerca de “fraude” electoral sin evidencias, elecciones amañadas y las declaraciones de la Bestia de que él es quien ganó, pues no estamos contribuyendo a otra cosa que a hacerle el juego.

Biden ganó las elecciones. Mejor dicho, NOSOTROS, el pueblo estadounidense, los 76 millones que votamos contra Trump, ganamos las elecciones. Eso es IRREVERSIBLE e IRREVOCABLE. Se están haciendo recuentos, y quizás algún estado pueda cambiar su declaración de votos, pero es MATEMÁTICAMENTE imposible que gane Trump. Biden es el nuevo Presidente Electo y asumirá el mando del país el 20 de Enero del 2021.

Ya en ESTE otro artículo explicamos muchas cosas al respecto de lo que está pasando y los verdaderos TRES Objetivos de Trump con su campaña de desinformación y descrédito al sistema electoral estadounidense, pero me quiero detener rápidamente en la posibilidad de lo que ya se conoce como “un golpe de estado constitucional” y la posible aplicación de la Enmienda 25.

Mucho se ha especulado sobre la posibilidad de un golpe de estado cuya legalidad se basaría en un “agujero legal” de nuestra Constitución y nuestras leyes electorales, pues ni los Padres Fundadores ni nadie puedo imaginar jamás que tendríamos a la misma vez un Presidente y una mayoría del Senado tan corruptos y carentes de los más elementales escrúpulos.

Toda la apuesta de Trump se basa en sembrar la suficiente duda y armar suficiente alboroto como para lograr que las cortes declaren las elecciones inválidas de alguna manera, lo que llevaría la decisión final primero a las cortes estatales de los estados republicanos donde los votantes electorales pudieran arriesgarse a ignorar la voluntad popular y declarar a Trump vencedor contra todo argumento de mayoría de votos; y luego a la Cámara de Representantes, donde cada estado tendría un voto, y dado que hay más estados “rojos” que “azules” pues podrían declarar vencedor a Trump. Eso está así en la ley, y teóricamente puede llegar a suceder.

Lo que Trump, en su arrogancia e ignorancia no está tomando en cuenta es que para que esos dos pasos ocurran, primero tiene que demostrar no irregularidades individuales que tienen lugar en cada elección, sino la existencia de un “fraude generalizado”, cuyos efectos pudiesen alterar, cambiar, modificar los resultados finales de la elección.

A eso agreguemos que por conservadoras que pueden ser algunas cortes, incluyendo el Tribunal Supremo que Trump y McConnell se encargaron de empacar con una mayoría que les favorece, no sólo no pueden pasar por encima de la ley, sino que mucho menos se atreverían a violarla o interpretarla “a su conveniencia” cuando según datos de ayer 11 de Noviembre, casi el 80% de los estadounidenses considera que Biden ganó la elección, sólo el 3% cree firmemente que Trump ganó y un 13% sigue considerando que aún no se puede tomar una decisión. Y no se trata de que la opinión pública sea quien decida una elección. La deciden los votantes. Pero son precisamente esos votantes quienes están convencidos de la transparencia general del proceso y la legalidad de los resultados.

Algunos nos han escrito preocupados por el abrupto despido del Secretario de Defensa y otros altos funcionarios de ese ministerio, pues piensan que Trump podría estar planeando usar al ejército para sofocar posibles manifestaciones en caso de que finalmente decida a toda costa robar las elecciones. Tiene cierta lógica y quizás algún fundamento en la podrida y escasa mente de Trump, pero eso no funciona así.

Primero, porque por ley no se puede utilizar al ejército estadounidense para dirimir confictos internos e incluso para que la Guardia Nacional pueda actuar en los estados, tiene que ser a solicitud de los Gobernadores. Y segundo, porque independiente a la filiación política de cada jefe militar y de cada soldado, el alto mando militar y cada soldado ha sido educado y entrenado en el respeto a la ley y la subordinación incuestionable a su Comandante en Jefe, que a partir del 20 de Enero próximo se llama Joe Biden.

Lo que Trump pretende es exactamente lo que está logrando: que especulemos, que nos asustemos, que nosotros mismos echemos más leña al fuego mientras él lograr cultivar la imagen de “víctima ultrajada y robada” para salvar un poco la honrilla ante sus seguidores, hacer un poco más de daño al país, tener tiempo de otorgar los últimos beneficios a sus amigotes billonarios, negociar mejores condiciones individuales respecto a los procesos legales que habrá de enfrentar una vez pierda la inmunidad presidencial y entorpecer el proceso de transición.

Respecto a esto último es que sale a colación la dichosa Enmienda 25, que de una forma muy resumida contempla que si el presidente no está en condiciones de cumplir con sus funciones, el Vicepresidente y el 51% de los miembros del Gabinete pueden alertar al Congreso por escrito e instalar al VP como presidente interino. El Congreso debe luego aprobar un voto de dos tercios para destituir al Presidente del cargo.

Tomando en cuenta el enorme peligro a la integridad de la nación que representa la creciente crisis del COVID-19 y la rápida depauperación de nuestra economía, es un imperativo mayor que nunca que se lleve a cabo, de la manera más acelerada y mejor posible, el proceso de transición.

Si a partir de la semana próxima Trump no concede y no acepta comenzar a llevar a cabo este proceso, donde debemos concentrar nuestras fuerzas es en el reclamo al Vicepresidente, a los miembros del Gabinete y al Congreso de los Estados Unidos de que se aplique de inmediato la Enmienda 25.

Entonces, para RESUMIR, Trump no puede ganar la elección, porque Biden YA LA GANÓ. Métanse eso en la cabeza y no pierdan tiempo discutiendo con trumpistas y alarmistas. Y, muy importante, exijamos que las cosas tomen su rumbo o que se aplique la Enmienda 25. E igualmente concentrémonos en ayudar a ganar las dos carreras pendientes para el Senado por Georgia, lo cual nos permitirá asegurar la mayoría en ese órgano y facilitar los cambios necesarios para sanear y hacer avanzar el país.

Trump no puede ganar, pero NOSOTROS podemos, debemos y tenemos que SEGUIR GANANDO.

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