Siempre hemos visto la fecha de Noviembre del 2020 muy lejos. Claro, cuando primero la tuvimos en mente fue el día en que Trump tomó el poder, O se lo dieron: entre los rusos y los republicanos encargados de la redistritación. Y entonces nos parecía extremadamente lejos: 4 años para aguantar la Peste Naranja…, pero 4 años es mucho tiempo.

El caso es que ahora ya nos va quedando poco más de un año y aún seguimos llenos de lemas rimbombantes, de publicaciones donde nos burlamos de las estúpideces del 45 o lloramos amargamente por lo que está acontenciendo: por los niños en jaulas, por los padres separados de sus niños; por el renacimiento del racismo militante y el auge del supremacismo blanco; por la extraordinaria corrupción de Washington y la cada vez más putrefacta magnanimidad del pantano que un día Trump prometió limpiar… sólo para hacerlo más asqueroso y pestilente.

Y en ese ya poco tiempo que nos va quedando, las tres grandes preguntas siguen siendo las mismas:

¿Cuántas personas que conoces van a salir a votar? ¿Cuántos se quedarán en casa, por pereza o porque no confían en el sistema, porque no creen que se pueden cambiar las cosas? ¿Con cuántos de ellos has hablado personalmente y los has comprometido a que den su voto?

Sólo piensa a cuántos les has explicado el peligro extraordinario para el medio ambiente, para las minorías y los migrantes, para la libertad de expresión y las instituciones democráticas que se cierne sobre este país y el mundo si Trump resultase reelecto.

Para muchos de los de “ELLOS“, Trump es la esperanza de mantener viva la llama del odio, de la discriminación, de la supremacía de una idiotizada raza blanca (y que conste que no son siquiera la mayoría de los blancos) sobre el resto de un país que pensó haber hecho mucho y descuidó sus flancos. Para muchos de “NOSOTROS“, desafortunadamente, esto es como un mal sueño, una pesadilla, un juego burdo al que nos han obligado a jugar… pero no es así.

Somos la mayoría. Somos los buenos, o al menos los que luchamos por algo bueno. Tenemos la razón, con matices quizás, pero la razón al fin, de luchar por el respeto a la diversidad, a la promoción de la individualidad dentro de un marco diverso y plurifacético…, pero todo eso no sirve de nada, no vale ni para cacahuates si no logramos que nuestra gente vote. ¿Nuestra gente? Sí, nuestros padres e hijos, nuestros hermanos, sobrinos y primos, nuestros colegas del trabajo y nuestros vecinos del barrio… esos, los que pueden votar. Los que pueden hacer la diferencia.

Estás aquí. Estás leyendo esto y ya de hecho es motivo para nuestro sincero agradecimiento. Sin embargo, en un momento tan difícil, donde lo que está en juego es el futuro de tus hijos y los míos, de tus nietos y los míos, y de nuestras familias y amigos, me atrevo a pedirte un empujón más, un esfuerzo adicional que se traduzca en intención de voto, en compromiso de voto, en votos reales por aquel -sea quien sea- que demócrata o independiente, se enfrente a Trump, luche por nuestros intereses y se involucre en el cambio que Obama inició, pero que todos sabemos que está aún muy incompleto.

Dejar de ser simples ESPECTADORES y convertirnos en ACTORES ACTIVOS de este drama nacional con consecuencias internacionales y de futuro, es nuestro gran reto. Es el desafío que Dios o la Vida, o ambos, nos han puesto por delante para aliviar las penas del mundo. Contamos contigo para un paso más, para un esfuerzo más, para una acción más… PARA GANAR.

Gracias.

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P.S. Y gracias también por seguir junto a nosotros, junto a El Diario Latinoamericano, junto a Todos Contra Trump, junto a la decencia y la verguenza.