¿Alguien pensó seriamente que Donald Trump aceptaría mansamente su derrota, se iría sin utilizar todos los sucios trucos de su arsenal y sin intentar hacer todo el daño posible al país? No seamos ingenuos, no nos llamemos a engaños. Por egocéntricos que sean él y su camarilla, habían previsto la derrota como un escenario posible y habían preparado con mucha antelación una enorme campaña de desinformación y descrédito al sistema electoral estadounidense que tiene TRES OBJETIVOS:

Primero, pues como dicen los mexicanos, “chicle y pega“, o sea generar el mayor ruido posible, causar caos, amenazar y confundir, de forma tal que pudiese existir una posibilidad, por mínima que fuese, de revertir los resultados de la elección. Incluso si eso no llegase a suceder, pues facilitaría la consecución de los siguientes dos objetivos.

Segundo, incrementar su capacidad negociadora, tanto para asegurarse de que Trump no sea juzgado una vez pierda su inmunidad presidencial, como para “empujar” lo más posible a la derecha la futura administración Biden/Harris.

Tercero, mantenernos distraídos con las acusaciones de fraude, la inestabilidad social y las amenazas de sus airados fanáticos, mientras ellos hacen hasta lo imposible por garantizarle a sus amos corporativos un grupo de medidas que protejan sus intereses y dañen en lo más profundo el bienestar del pueblo estadounidense e incluso del mundo.

No se trata sólo de soberbia, carencia de humildad o berrinches del bebé Trump. No. Estamos ante una agenda muy bien organizada y delimitada de objetivos e intereses. Y no se trata solo de Trump, sino del despliegue desesperado, pero poderoso de la enorme maquinaria del Partido Republicano, que ha perdido una enorme cantidad de capital político habiendo apoyado al peor presidente de la historia y está tratando de quedar al menos en una posición “menos mala” y no tan pésima en los próximos cuatro años que tiene garantizados como oposición, en el cual seguirán coomo minoría en la Cámara y quizás también en el Senado, según lo que pase en Enero del 2021.

Por otro lado, sólo una masa trumpista agraviada, ofendida y sientiéndose víctima de fraude puede donar el dinero que necesita Trump para defenderse de las demandas legales que le esperan y pagar las deudas por los excesos de su campaña.

Y sólo una base republicana herida en lo más hondo de sus sentimientos y agraviada por la pérdida de su preciado “privilegio blanco” puede aportar la energía y el apoyo que necesitan los Republicanos para intentar recuperarse.

Todo esto son viejas tácticas, muy bien expresadas en el “Arte de la Guerra” y otros tratados de estrategia política no convencional.

Además de la enorme campaña de desinformación montada con ayuda de los medios que le son leales y de la parcial complicidad de las redes sociales, están empleando métodos que ya la CIA y otras agencias de inteligencia estadounidense han empleado para derrocar gobiernos en otras partes del mundo.

Entre ellas, te envían “inocentes” pedidos de considerar lo que “están diciendo otros” y ahí mismo te llevan a leer una muy bien redactada sarta de mentiras y verdades manipuladas, que contribuyen a sembrarte la duda y a que en tu ingenuidad, contribuyas a diseminar y difundir su veneno. No caigamos en su juego. No compartas esas informaciones, sino sólo los argumentos que las refutan. No hubo fraude. Punto.

Al menos no “fraude generalizado“, que es lo único que podría cambiar el destino de una elección. A los que lean inglés les recomiendo el Informe del Centro Brennan titulado “La Verdad Sobre el Fraude Electoral” (The Truth About Voter Fraud), que demuestra lo insustentable de estas afirmaciones. Diversos otros estudios confirman lo mismo, incluido uno comisionado por el propio Trump.

En los EEUU el proceso electoral, de principio a fin, es supervisado por ambos partidos y tiene encima los reflectores de la prensa nacional e internacional y de organismos especializados que hacen imposible “robarse” o “arreglar” una elección.

Inconsistencias, pequeños problemas, olvidos y acciones malintencionadas las han habido siempre, también en el 2016 cuando ganó Trump, pero no resultan suficiente para cambiar la voluntad popular. Eso ha sido parte del orgullo estadounidense por décadas o siglos. Orgullo que están profanando y ensuciando las viles mentes del trumpismo.

Veamos algunos ejemplos señalados por Trump y la verdad tras los mismos:

* Habla de boletas “duplicadas“: esto no es nuevo y es un tema recurrente en cada elección. Diversos estudios han demostrado que el 99% de las boletas marcadas como “duplicadascorresponden a votantes distintos.

* Trump acusó a Filadelfia de impedir a su campaña monitorear el llenado de las boletas. Eso no es legal. Ya existe la supervisión de ambos partidos y así ha funcionado siempre.

* Trump citó el caso de boletas militares encontradas en la basura, pero no dió los detalles. Fueron 7 boletas dejadas allí por un empleado subcontratado en un condado completamente controlado por Republicanos y las autoridades fueron informadas de inmediato.

* Dice la Bestia que un empleado de correos de Virginia Occidental estaba “vendiendo boletas“. El propio Secretario de Estado del Estado, Republicano, Mac Warner aclaro que no fue ahora sino en las primarias de Julio, cuando un empleado fue sorprendido cambiando 5 boletas de Demócrata a Republicano.

En resumen, si en sus 4 años de Presidencia se le han documentado y probado más de 35,000 mentiras, ¿por qué habríamos de creerle ahora? Aunque también podríamos ver la cuestión desde el otro ángulo: sus fanáticos seguidores que se han negado a aceptar como mentiras lo que así está demostrado con documentos, imágenes y videos, igualmente ahora se negarán a aceptar la transparencia general del proceso electoral.

No es casual que el Senador Mitt Romney, ex candidato presidencial republicano en el 2012, dijera que las alegaciones de Trump están dañando seriamente “la causa de la libertad” en EEUU y el mundo, y que el senador republicano de Pensilvania, Pat Toomey, haya nombrado los reclamos del presidente como “muy molestosinsistiendo en que “nadie me ha podido mostrar evidencia alguna de corrupción o fraude generalizado” .

Adam Kinzinger, otro congresista republicano de Illinois, tuiteó que los reclamos de fraude de Trump eran “una locura” y reafirmó: “DEJEN ya de difundir información errónea desacreditada“. Y otro congresista republicano por Texas, Will Hurd, aseguró que los comentarios de Trump sobre corrupción electoral eran “peligrosos” y “erróneos“…

Claro, cuando les expongas a los trumpistas todos estos comentarios de destacadas figuras de su propio partido, y otros más que no puedo ponerte por cuestiones de espacio, te dirán que son “comunistas” infiltrados en el Partido Republicano y le restarán importancia a lo que ellos están diciendo. No te asombres. Así funcionan los cultos. Y también los dictadores. Y los malvados del mundo.

Desafortunadamente digamos lo que digamos, ellos seguirán apoyando a Trump. Desafortunadamente, -pero esta vez para ellos,- nosotros seguiremos apoyando y defendiendo la voluntad popular. No sólo casi 5 millones de estadounidenses más votaron por Biden que por Trump, sino que la cifra de 290 votos electorales contra 214 no deja lugar a margen de error, que si fuera de 2-3% sería preocupante.

Ganamos con un 35% y eso es lo que cuenta.

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