Pronunciarse en política no sólo es emitir una opinión más o menos informada, sino ante todo asumir una POSICIÓN, lo que en un tema como Cuba implica tanto tratar de ser sincero, como herir la menor cantidad de sensibilidades posibles, no por temor a ser rechazado por algunos, sino por garantizar que el mensaje llegue lejos y a muchos, que es el otro gran objetivo de todo el que aspire a ser comunicador, segundo luego de “tratar de cambiar el mundo“.

Yo no tengo amigos ni seguidores entre los que apoyan el infame embargo/bloqueo, ni entre los que quieren incrementar el sufrimiento del pueblo cubano para que se lance a las calles y haga lo que la mayoría de ellos no tuvieron el valor de hacer. Pero tengo amigos que aman a Cuba y a su pueblo y detestan, en mayor o menor medida, los conceptos de “socialismo” y “revolución“, avalados por una historia vivida por ellos y por circunstancias muy difíciles de rebatir.

Y tengo amigos fieles a Cuba y a su pueblo que aman, en mayor o menor medida, los mismos conceptos de “socialismo” y “revolución“, avalados por su propia historia y circunstancias igualmente difíciles de rebatir. A todos, los de un grupo y del otro, les hago llegar mi cariño y mi respeto, que no es lo mismo que coincidir en todo, o en parte sí y en parte no. Mi compromiso es con la verdad, o al menos con lo que yo pienso que es verdad según la información con la que cuento.

Soy un hombre de izquierda, amante del progreso y un constante luchador por la justicia social, en cualquier lugar del mundo. Soy un enemigo jurado de la concentración del poder casi absoluto en las manos de grupos o grupúsculos de cualquier denominación, y rechazo por igual a toda las dictaduras, sean de la oligarquía o del ploretariado.

Lucho por una sociedad más justa en el país donde vivo y pago impuestos y quiero cambios en la tierra que me vió nacer, pero cambios que representen progreso, que signifiquen la transición hacia algo mejor que lo que tienen hoy, no el retroceso a un pasado que ya dejamos atrás, sin injerencias sustentadas en “turbios intereses” muy bien representados por los congresistas cubano-americanos, el Canal 41 de Miami, y algunos payasitos de ocasión que tratan de ganar influencia en las redes sociales mercadeando con el dolor de su pueblo.

Reconozco que no me han sido fáciles estos últimos días. A diferencia de muchos que consideran saber de todo y sentirse capacitados para de todo opinar, yo reconozco las limitantes geográficas e intelectuales de mis razonamientos. Me resulta difícil pronunciarme, y mucho más asumir posiciones, cuando no tengo todos los argumentos. Cuando no estoy seguro, totalmente seguro, de la posición que debo asumir.

Eso me ha pasado con el MSI o Movimiento San Isidro. Hace unos días publique Siete Razones por las que no había hecho comentarios. Y a raíz de eso recibí casi mil comunicaciones (comentarios, artículos, textos, videos, etc.) acerca de los hechos, provenientes de personas en la Isla, desde Europa, desde diversas partes de EEUU y de mi ahora querida ciudad, el Miami de las turbulencias. ¿Se imaginan cuánto tiempo necesita un tipo super ocupado como yo para digerir, procesar, sintetizar ese volumen de información y llegar a una conclusión digna de compartir?

Y para colmo de males, o de bienes, luego me enteré que en el liderazgo del MSI hay una joven a quien prácticamente ví nacer, y a quien personalmente de adulta no conozco, pero con cuyos padres me unen lazos tan antiguos como la Vía Lactea y de quienes sí sé, porque me consta, que ambos son personas con extraordinarios valores humanos y un compromiso con la justicia social que nadie se atrevería a poner en duda. Quien me conoce sabe que vivo por el principio aristoteliano de “Platón es mi amigo, pero la verdad me es más querida“, por tanto ese hecho no nublará mi juicio, pero creo debe ser establecido en honor a la sinceridad de mi humilde opinión.

Según tengo entendido, el MSI “supuestamente” se forjó en torno a la lucha contra el Decreto 349 que limita la creatividad según la consideración de “censores” que medianamente entienden de política y con frecuencia nada de arte, legitimizando además la figura de “inspectores” que, -seamos honestos-, por ignorantes, por corruptos o por ambas cosas son detestados por la mayoría del pueblo cubano, no sólo los artistas.

El tal decreto es algo tan malo que aún no se ha puesto en práctica totalmente, pero tampoco ha habido una renuncia oficial al mismo, dejando en un limbo legal y moral el peliagudo tema del arte independiente, la creatividad de los artistas y la función crítica del arte, aplaudida cuando conviene y reprimida cuando le “pisa los callos” a los innombrales o intocables que se sienten por encima de cualquier mención que no sea el aplauso.

Y arriba utilicé la palabra “supuestamente” porque creo que el Decreto 349 es sólo la gota que desbordó el vaso. La realidad que movilizó a esos muchachos es precisamente la de las mismas banderas que ahora recogió el 27N y que se refleja en cientos de los mensajes que he recibido:

La carencia de espacios para el diálogo sincero (que no sea castrado al instante por lo que está, o alguien cree que está, “fuera de la Revolución“); la mutilación al pensamiento diferente y a la confrontación de diferentes opiniones; la absurda promoción de una “unanimidad” que jamás ha existido ni existirá en ningún país o lugar; y el derecho asumido por algunos a creerse dueños de la verdad absoluta, por lo que todo diálogo ha de comenzar y terminar con una reafirmación de “su” verdad o de inmediato se convierte en galopante monólogo donde prevalecen los argumentos de la FUERZA y no la fuerza de los ARGUMENTOS. De esto último habría bastante tela por donde cortar, no sólo en el Gobierno, sino también en algunos de los que se le oponen.

Así era cuando yo estaba en Cuba hace 20 años. Así parece seguir siendo ahora, por lo que leo y lo que me cuentan amigos muy ofendidos con la Revolución, y amigos que siguen honestamente defendiendo su Revolución. Todos, excepto los auto proclamados Dioses del Olimpo, se dan cuenta de eso. Y es entonces cuando los jóvenes de edad, y los jóvenes de espíritu, gritan “¿Hasta Cuándo?“. Y es entonces cuando los “caza oportunidades” que quieren servir “el pasado en copa nueva“, los mercaderes del pantano, aprovechan para inyectar su veneno, el que desgraciadamente penetra a algunos, pero NO A TODOS. Recuerden que cuando los que se hacen muy visibles pierden la verguenza, los que habitualmente se hacen invisibles pierden el miedo.

A mí no me consta que el MSI haya sido total o parcialmente financiado desde la otra orilla, y aún si en algún sentido fuera así, ya escribí arriba que esa no sería la única razón de su protesta. Sin embargo, sigo sin apoyarles y la vida dirá de qué lado está la razón. No he leído lo que escribe Luis Manuel. Sólo ví el video de su “performance” del streep tease y las fotos bañándose y defecando envuelto en la bandera.

Logró llamar la atención, pero también desterró mi afecto y el de otros que piensan como yo. Muchos de los que le aplauden desde mi conuco actual despachurraron de lo lindo cuando algunos deportistas se arrodillaban en silencio ante el Himno Nacional estadounidense (mucho menos “agresivo” que lo de la bandera) para protestar contra el racismo sistémico que asola Estados Unidos, y todo eso pues erosiona cualquier simpatía por mi parte.

Sin embargo, no es esa la razón por la que no le apoyo. Yo ví a LMOA dando una muy “amable” entrevista a Juan Manuel Cao, uno de los “periodistas” más reaccionarios y anti cubanos que conozco, en un canal que homenajeó a Luis Posada Carriles como un “Héroe del Exilio” y que ha servido de vocero para Trump y sus perversidades.

Sólo puedo ver esto a través de un prisma de 3 lados: o es un “tonto“, y no lo creo. O está “mal informado“, cosa que tampoco creo del todo y que además sería su responsabilidad. O está de alguna manera “aliado” o “lamentablemente cerca” de lo peor de la comunidad cubana fuera de la Isla. Luego también escuché que uno de los del MSI gritaba a voz en cuello “Trump 2020. Trump es mi Presidente” y los demás, si bien no lo coreaban, no parecía que les molestase mucho y tampoco los he escuchado pronunciarse al respecto.

Los que nos hemos desgastado desde acá peleando contra Trump y todo lo que él representa, no podemos apoyar algo así, mucho menos proveniente desde Cuba. Trump no es sólo uno de los más viles e indignos seres humanos que hemos podido conocer, sino que representa todo lo que no queremos para Estados Unidos y no queremos para Cuba. Apoyar a Trump no es disfrutar de libertad de expresión, sino marcar su adhesión a lo más bajo del ser humano. No voy a abundar. Bastante se ha escrito en los últimos meses al respecto, y estoy convencido que los del MSI deben saber a quién -consciente o insconscientemente,- le están haciendo el juego, al menos, pues a mí no me consta, repito, que reciban un pago por ello.

Ahora bien, todo el que proteste genuinamente (y muchos del 27N parecen hacerlo) contra el inmovilismo, la burocracia, la represión, la falta de libertad de expresión y los dinosaurios que tienen secuestrado el progreso en Cuba, tendrán mi más rotundo apoyo, SÍ y SOLO SI, no se alien a, o congratulen con, lo más asqueroso y pervertido del exilio cubano y no caigan en la desverguenza de la Rosa María, el Eliecer y el Ota no se qué, que están ansiosos de llevar a Cuba por un camino peor del que tiene ahora. Cualquier lucha ha de ser para mejor, no para regresar al pasado de indignidad del que un día salimos, aunque luego se torcieran algunos caminos.

En estos días he leído opiniones de muchos intelectuales cubanos como Silvio Rodríguez (de quien nadie pondrá en duda su fidelidad a la causa), diciendo que “… se agarraron de lo que fuera” para evitar el diálogo con los artistas, lo que le sonó a “orientación superior“.

O como la madre de Julio César Llópiz Casal, que le dice a su ex amigo, el Viceministro Rojas, con todas las letras “Mi hijo no es terrorista, y tú lo sabes… no busca desestabilizar el sistema, y mucho menos incitar a un levantamiento popular, y tú lo sabes“… y de gente linda y humilde de pueblo que no saben escribir tan bien como los anteriores, pero todos coinciden en tres cosas:

Primero, en su gran mayoría, no están contra su Revolución y su Socialismo. No quieren ni la anexión de Cuba a EEUU, ni aplauden a los lacayos de Marco Rubio o los seguidores del Ota…que sé yo. No están a favor de Trump, ni reniegan de sus héroes del pasado lejano o cercano. No están ni siquiera de acuerdo con personas como yo, que seguimos amando a Cuba y su pueblo, pero desde otra perspectiva económica y social e invocando a diferentes héroes. Escuchen bien eso, por favor, ambos extremos de la ecuación, porque es lo primero que tienen que reconocer para aprender a RESPETARLES desde ambos lados.

Segundo, quieren cambios, cambios hacia el progreso, independientemente de si califican dentro de lo que los dinosaurios celadores de la “pureza” que ninguno de ellos ha practicado jamás osa clasificar como “dentro o fuera de la Revolución“. Quieren cambios que les garanticen oportunidades y libertades que se han ganado y que son comunes en el mundo de hoy, aunque en todos lados se truncan oportunidades y se limitan libertades. Quieren poder expresarse libremente y acertar, o equivocarse, pero por ellos mismos, no dentro de manuales escritos desde las sordidas cuevas del poder.

Son personas responsables que entienden perfectamente el concepto de “plaza sitiada” y que justifican, hasta cierto punto, medidas que se toman para impedir que las aves de rapiña se abalancen con su furia habitual por cualquier grieta o debilidad, pero rechazan que esa innegable realidad se convierta en “mentes sitiadas“, porque eso va contra la esencia misma de la inteligencia y la integridad humana.

Hora de entender ese grito que hoy están lanzando al aire. Mañana pueden optar por lanzar otras cosas. Y no precisamente al aire.

Tercero, aunque muchos de ellos están frustrados y decepcionados con tantos años de inmovilismo y de entonar las mismas viejas y gastadas canciones/consignas que ya ni enardecen ni motivan, la mayoría aún confía en que pueden encontrar un camino, en que las nuevas generaciones, -las de abajo y las del poder-, pueden encontrar juntos caminos PROPIOS. Por favor, ábranse todos al diálogo y cierren las puertas a los demonios que todos detestamos, porque podemos vernos inmersos en un infierno sin salidas, o al menos sin ninguna que sea medianamente buena para ese pueblo que tanto amamos.

Ahora el Segundo Secretario del Partido (un sombrío y muy detestado personaje cuyo nombre no menciono sólo por el respeto que siento por amigos y amigas dentro de la Isla que profesan su misma ideología), está lanzando la convocatoria para marzo próximo al “Congreso de la Continuidad Histórica“.

Por favor, alguien que le explique que la “continuidad histórica” no es igual a la continuidad de los “históricos“; que continuidad no es repetición una y otra vez de los mismos errores y consignas del pasado, sino construir COSAS NUEVAS, sobre la base de los mejores valores y tiempos que nos precedieron.

Háganle saber que en las nuevas “construcciones” y en los nuevos “diálogos” y en los nuevos “discursos” hay que incluir a esos jóvenes que se plantaron frente al MINCULT y a los miles o millones que no estuvieron allí físicamente, pero que hoy vibran con ellos y por lo mismo que ellos hoy están luchando -con aciertos y desaciertos, con algunas exigencias de más y otras quizás de menos.

Trato de entrometerme lo menos posible en los asuntos internos de Cuba porque considero que las soluciones deben venir de adentro y de los de adentro, pero con la moral que me otorga el amor demostrado a mi pueblo, y la lucha que junto a muchos otros llevo contra todo lo que le dañe, incluído el criminal bloqueo, les hago llegar esta humilde súplica:

No desechen ni menosprecien el aliento transformador que emana de los jóvenes, de esa juventud que ama su país, su pueblo, y sí, también a su revolución. Cuidado con no dejar morir ese Amor.