MIAMI. Hoy, el principal enemigo de la democracia en Estados Unidos no es Rusia, China, Irán o el Estado Islámico; es el Partido Republicano. Esa es una declaración audaz, pero que puedo probar.

Jugar al sistema se ha convertido cada vez más en la única opción para el Partido Republicano, incluido su actual esfuerzo surrealista por defender al presidente Donald Trump contra la Constitución y a pesar de una montaña de pruebas.

La necesidad es la madre de la invención, según el refrán. En este caso, el cliché dice una verdad. La necesidad es la razón por la cual los republicanos han decidido que la mejor manera, quizás la única, para que el Partido Republicano siga siendo un partido político viable, es por medio de diversas artimañas.

Cuando se gobierna para una base cada vez más reducida —la gente blanca acomodada, sureños, ciudadanos de nacimiento, electores rurales, víctimas de la desindustrialización en el Medio Oeste— su mayor esperanza es burlar a la democracia. En lugar de desarrollar un programa político y un mensaje de amplio atractivo, los republicanos han elegido el estrecho camino de selección y supresión. Selección: identificar a los electores extremistas de Trump y elaborar la retórica para ellos. Supresión: usar métodos estadísticos científicos para concentrarse en los electores anti-Trump y hacer todo lo posible, por cualquier medio necesario, para evitar que voten o desalentarlos a que lo hagan.

La treta significa suprimir los votos de personas inconvenientes, como eliminar los colegios electorales de los campus universitarios, porque las personas jóvenes y educadas no son admiradores de Trump. Cuando se trata de estudiantes universitarios negros en lugares como la Prairie View A&M University en Texas, suprimir sus votos es crucial, y los republicanos se dedicaron a ello en ese estado.

Ya sea trasladando los colegios electorales a kilómetros del campus, exigiendo una identificación que las personas pobres y las minorías no puedan poseer, o haciendo que los ex presidiarios que han recuperado su derecho al voto tengan que pagar mucho más de lo que pueden permitirse para ejercer ese derecho, los republicanos son partidarios totales del negocio antidemocrático de evitar que vote el tipo “equivocado” de personas.

Si eso fracasa, lo mejor es recortar el mapa electoral para reducir el peso del voto de “ciertas” personas. Se llama manipulación y, aunque en el pasado ambos partidos la han practicado, el Republicano la ha convertido en un arte.

Esta perspectiva muestra a la cruzada contra la inmigración de manera diferente. Es el otro lado de la moneda de la supresión de votantes. Para los republicanos, la mejor manera de evitar que las personas de color voten en contra de ellos es evitar que entren a Estados Unidos.

El Partido Republicano es antidemocrático debido a una razón más profunda. Consideren lo siguiente: en dos de las últimas tres elecciones presidenciales ganadas por un republicano, el candidato demócrata obtuvo más votos. Al Gore obtuvo 543 000 votos más que George W. Bush en 2000, pero Bush ganó el cargo gracias al Colegio Electoral. Fue la primera vez en casi 120 años que el perdedor en la votación popular ganara la presidencia, desde la elección de Benjamin Harrison en 1881.

En 2016, Hillary Clinton venció a Donald Trump por casi tres millones de votos, más de cinco veces el margen de Gore. El potencial antidemocrático del Colegio Electoral, no utilizado durante más de un siglo, no solo surgió sino que se convirtió en un factor creciente en la política estadounidense, favoreciendo sistemáticamente a los republicanos.

El Colegio Electoral, una institución establecida por los Fundadores como un control sobre la democracia, sistema no probado en 1789 y que los artífices de la Constitución temían que se convirtiera en un gobierno del populacho. En un mundo gobernado por los monarcas, esto era una preocupación razonable, en especial porque en aquel momento la masa del pueblo rara vez tenía apenas una educación primaria.

Pero había otra razón menos sana para la creación del Colegio Electoral y muchos otros controles sobre la democracia. Los firmantes de la Constitución eran todos hombres blancos que poseían propiedades, incluidos seres humanos considerados como propiedad, una élite que se parecía a una aristocracia sin títulos nobiliarios, pompa y ceremonia. Ellos crearon instituciones consistentes con los intereses y estatus de las personas de su clase. Temían que la mayoría carente de propiedades formara una “combinación”, es decir, que se uniera y exigiera una parte de la riqueza.

Al unir todas estas cosas, lo que queda claro es que el poder republicano de hoy depende de los procedimientos más antidemocráticos y los aspectos menos democráticos y más arcaicos del sistema político de los Estados Unidos, desde la manipulación del mapa electoral hasta el Colegio Electoral y el Senado, donde los estados menos poblados están radicalmente sobre representados, y por último ante el Tribunal Supremo, cuyos miembros, una vez nombrados, sirven de por vida como reyes y que de manera creciente han sido nominados y confirmados más por compromiso ideológico de derecha que por su sabiduría judicial.

Esto deja abierta la pregunta de por qué, después de doce décadas, el voto popular y el Colegio Electoral han comenzado de repente a divergir cada vez más. La pregunta merece un  análisis propio más allá del alcance de esta columna, pero aventuraré algunas ideas.

La versión que los republicanos presentan de que el Partido Demócrata se ha desviado violentamente hacia la izquierda es falsa. La facción más progresista del Partido Demócrata se ha desplazado moderadamente en esa dirección, aproximadamente a medio camino de los partidos socialdemócratas europeos. La otra facción del partido, aproximadamente los seguidores de Biden y Bloomberg, apenas han tendido a la izquierda.

En segundo lugar, una simple observación, así como un estudio publicado en The New York Times, muestra que es el Partido Republicano el que se ha movido como un bloque hacia el extremo ideológico, específicamente a la derecha de los principales partidos conservadores europeos, como los conservadores en Gran Bretaña. y los demócrata-cristianos en Alemania. Como de costumbre, se puede tomar lo que afirman los republicanos, invertir el signo y llegar a la verdad.

El análisis anterior sugiere que el Partido Republicano se ha alejado de la democracia debido a su extremismo. Es difícil formar un consenso de gobierno desde las antípodas. Casi no hay intersección entre los dos partidos, lo cual anteriormente era un escenario de compromiso. Es por eso que, a diferencia del juicio político a Nixon, cuyos delitos fueron mucho menos atroces que los de Trump, hubo suficientes republicanos imparciales que se dieron cuenta de que Nixon tenía que ser destituido de su cargo. Ahora, esos republicanos no existen.

Donald Trump ha convocado al fantasma de una guerra civil si es destituido de su cargo. La pregunta final es: a medida que disminuye el electorado republicano con el cambio demográfico y la sucesión generacional, ¿hasta dónde transgredirán la democracia los republicanos para mantenerse en el poder?

En este día, después de terminar este artículo, Donald Trump será llevado a juicio. Cualesquiera que sean las implicaciones políticas impredecibles, celebro el hecho de que esta persona monstruosa y terrible presidente lleve el estigma del mal por el resto de su vida y para siempre en la historia.

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El artículo original fué publicado por en ProgresoSemanal.us bajo el título “El Partido Antidemocrático” el mismo día en que se aprobó el juicio político de destitución de Trump. La imagen de portada y las palabras resaltadas son nuestras. 

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.