Tomando en cuenta la compleja situación interna que experimentó Estados Unidos en los últimos cuatro años y de su progresivo declive como potencia hegemónica a escala internacional, el actual presidente estadounidense Joseph Biden está obligado a introducir profundos cambios en su política doméstica y exterior.

Si bien está trascendiendo mucha información sobre los objetivos, prioridades y líneas de acción que ha emprendido Biden en su primera semana en el cargo y los planes para los próximos 90 días para lidiar con los desafíos internos y lo que se consideran “amenazas globales”, existe un elemento dentro de esta visión estratégica que resultará clave y que constituye uno de los puntos de contacto principal entre la política doméstica y la exterior.

Ese pilar esencial es la clase media estadounidense que está destinada a desempeñar un rol importante en el proceso de conformación de la política exterior de la Administración Biden. Desde hace unos años, este cardinal y paradigmático segmento de esa sociedad que encarna lo que se denomina el “sueño americano” ha venido sufriendo un proceso de deterioro en su nivel de vida.

De manera general, una familia de clase media, en términos prácticos, se caracteriza por contar con las siguientes condiciones: seguridad laboral por la estabilidad de su puesto de trabajo; ingresos que le permiten costear sus necesidades sin presión económica; atención médica asegurada; propietaria de su casa; capaz de financiar los estudios de los hijos; vacaciones para hacer turismo y pueden ahorrar dinero para su retiro.

En las circunstancias actuales, el impacto devastador de la COVID – 19 ha afectado de manera significativa la capacidad de estas personas para sostener su nivel de vida. Esta situación tiene implicaciones no solo económicas, sino que deriva en problemas sociales, políticos y también tiene efectos en la proyección internacional de Estados Unidos. Es muy difícil lograr la renovación del liderazgo americano en el escenario global si el grupo social que constituye la encarnación del “éxito nacional” se encuentra en franco retroceso.

Teniendo en cuenta esta realidad, el propio Biden en un artículo de su autoría publicado en la influyente revista Foreign Affairs en mayo del año pasado argumentó lo que calificó como: “una política exterior para la clase media”. En el texto señaló que la seguridad económica es seguridad nacional y enfatizó que la política comercial de Estados Unidos “debe comenzar en casa, a través del fortalecimiento del más grande activo con que contamos que es la clase media”.

Biden también explicó que se require una enorme inversión en la infraestructura del país (algo muy prometido y cacareado por Trump en función de lo cual nunca hizo NADA), lo que implica las carreteras, las comunicaciones, el transporte de alta velocidad y en fuentes renovables de energía. Enfatizó que más del 95% de la población mundial vive más allá de las fronteras estadounidenses y ellos necesitan incidir sobre esos mercados con sus productos.

Si pretendemos aproximarnos a desentrañar cuáles son los ejes o puntos principales que argumentarán esta concepción de una “política exterior para la clase media”, debe comenzarse por los resultados de una investigación realizada por la Carnegie Endowment for International Peace titulada: “Haciendo que la política exterior sirva mejor a la clase media”. El estudio fue ejecutado entre los años 2018 y 2020 realizándose cientos de entrevistas en tres estados: Colorado, Nebraska y Ohio.

En el informe se parte de la premisa que la clase media está viviendo en estos momentos en una situación de precariedad y, esencialmente, se propone integrar de una manera adecuada la política exterior con la agenda de política doméstica.

Con tal propósito, se realizan varias recomendaciones:

  • priorizar las políticas internacionales que estimulen la creación de puestos de trabajo y generen ingresos;
  • renovar la agenda de comercio internacional de Estados Unidos para armonizarla con la agenda de política doméstica en función de apoyar el crecimiento económico;
  • modernizar las herramientas y mecanismos del comercio internacional para combatir las prácticas comerciales injustas que afectan especialmente los negocios de la clase media;
  • diseñar una estrategia de competitividad nacional para garantizar que los pequeños y medianos negocios estadounidenses sean más competitivos en la economía global, así como desarrollar la capacidad de las comunidades de atraer inversión que generen empleos.

En la investigación se le otorga especial relevancia a la necesidad de romper con la mentalidad que ha prevalecido durante décadas de concebir como áreas relativamente aisladas la política exterior y la política doméstica.

Se señala que los planeadores estratégicos estadounidenses en la esfera de las relaciones internacionales y seguridad nacional tradicionalmente han articulado sus proyecciones bajo el prisma casi exclusivo de la competencia geopolítica.

Aunque se reconoce que este es un enfoque esencial en el contexto actual de fuerte confrontación con potencias como China y Rusia, se aboga por introducir una visión que contemple también temáticas de economía doméstica y asuntos sociales que permitan tomar en consideración los intereses de la clase media.

En el estudio se precisa que para lograr esta articulación se requiere mayor coordinación interagencial, experticia interdisciplinaria e imaginación política. Proponen que es necesario “la contribución de una nueva generación de profesionales de la política exterior que rompan con el molde de la mentalidad de Guerra Fría”.

La investigación argumenta la profunda desconexión que existe entre la denominada “comunidad de política exterior” y la clase media, lo que conlleva a plantear que la proyección internacional de Estados Unidos para satisfacer las demandas de este sector debe estar orientada al cumplimiento de dos objetivos claves:

  1. renovar las relaciones con los aliados más cercanos en función de establecer una red cohesionada que permita enfrentar los desafíos de seguridad globales para brindarle seguridad a la clase media y
  2. manejar la competencia estratégica con China para mitigar el riesgo de conflictos desestabilizadores con serias implicaciones económicas.

Dentro de los coautores y principales redactores de este informe sobresale Jacob Sullivan, quien ha sido designado recientemente como el asesor de seguridad nacional de Joseph Biden. Por lo tanto, las propuestas contempladas en este informe tendrán como principal defensor en la Casa Blanca a una persona que ocupará uno de los cargos más influyentes en materia de política exterior.

De hecho, el abordaje de Biden en la campaña del tema de la clase media y su relación con la proyección internacional estadounidense es un resultado directo de la influencia y recomendaciones de Sullivan. Por esta razón, varios expertos y analistas están afirmando que las claves de la hoja de ruta de Biden en la articulación de la política exterior y la política doméstica se pueden encontrar en el informe de la Carnegie Endowment for International Peace.

En ese sentido, el pasado 24 de noviembre cuando Biden anunció a una parte de su equipo de política exterior y seguridad, planteó: “Jake Sullivan entiende mi visión que la seguridad económica es seguridad nacional y eso ayuda a desarrollar lo que yo he llamado una política exterior para la clase media para familias como las de él que creció en Minnesota”.

Precisamente es en este contexto que podría entenderse con mayor integralidad por qué Biden decidió designar a Susan Rice asesora del presidente y directora del Consejo de Política Doméstica, lo que la convierte en el punto de contacto principal entre el equipo de seguridad nacional y el de política interna. Biden durante el anuncio del cargo que ocupará Rice, planteó que ella trabajará de manera muy cercana con Sullivan y Brian Deese, quien se desempeñará como director del Consejo Económico Nacional.

En este evento, el presidente electo afirmó: “juntos, ellos integrarán como nunca antes la seguridad nacional, la política económica y la política doméstica”. Por su parte, Rice dijo: “en el siglo XXI, nuestros imperativos domésticos, económicos y foráneos están profundamente intervinculados”.

No hay dudas que, desde el 20 de enero del 2021, se manifestará una orientación de la política exterior que estará fuertemente marcada por intereses de la política doméstica que quizás no tenga precedentes en la historia reciente de Estados Unidos.

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Este artículo fue publicado originalmente por Rafael González Mora en ProgresoSemanal.com con el título: “La clase media estadounidense y la política exterior de Biden“.