Lo que me gusta de los tiempos convulsos es que, a diferencia del COVID, nos obligan a todos a quitarnos las máscaras, a mostrar nuestra verdadera cara. A definir de qué LADO estamos, sin tener que abrazar uno de los EXTREMOS. , a menos que… queramos mantenernos en el “justo medio“, que es casi todo, menos “justo” y “medio“.

En el fragor de las primarias estadounidenses antes de la presidencial, perdí a algunos amigos. Y no le pongo comillas a la palabra, porque algunos eran de verdad buenos, y a algunos los quería de verdad como amigos. Pero decidieron asumir la posición “moderada“, esa que se coloca en el “medio“, y según sople el viento pues van tantito más a un lado, o tantito más al otro. Claro, si les dices esto a ellos se ofenden porque están convencidos de que sí existe el medio en la política y la ética.

Y dejaron de ser amigos. Y prefirieron la comodidad del equilibrio entre las aguas a la incómoda tarea de asumir posiciones. Prefirieron no estar nunca equivocados, pues siempre tienen la excusa de: “sólo me pasé un poquito“, a meter la pata como cuando abrazas una causa, cuando las cosas pueden salir bien o mal, pero no te preocupan, porque obedeciste a un sólo Dios: tu conciencia.

En mi caso, nunca he pretendido tener toda la razón, a veces siquiera la razón (pues nada es más difícil que moverse en un ambiente “sandwich” con presiones y demandas increíbles de ambos extremos, pero presumo la total sinceridad de mis actos y que juzgue la historia: algún día sabremos quienes salen mejor parados.

Ahora con el tema Cuba, está pasando muy similar. Desde hace meses, algunos brillantes cerebros previeron que el indeseable Trump perdería y que si Joe Biden llegaba a la Casa Blanca, podía, cuando menos, regresar las cosas al nivel que las dejó Obama, y pusieron en marcha una estrategia que involucra desde variopintos Congresistas y Senadores, que han ganado elecciones gracias al odio a todo lo que huela a “Cuba post-59“, hasta los “patriotas” que llevan 60 años comiendo del dinero que USAID les lanza para tumbar al régimen cubano, tarea que ellos han cumplido muuuuuuy “eficientemente” durante tantos años.

Pero ahora, ahora que jamás el bloqueo ha estado más cerca de poder ser eliminado. Ahora que en Cuba se avecinan cambios generacionales esenciales e impredecibles, ahora que no se sabe qué vueltas al destino puede dar esa nueva generación y lo único seguro es que no le harán el coro a la ultra derecha ni renunciarán a sus conquistas sociales, pues los del otro extremo han decidido cambiar el tono.

Hacerse los más ingenuos que nunca, poner la lanza en manos de “artistas” que mancillan la bandera, “pintores” que se ensañan con el busto de Martí, y “cantantes” que entonan cantos de sirena con drogadictos y meretrices de poca monta, algunos de los cuales rogaron al Rey Donald una invasión a Cuba, a sabiendas que subirían de grados en el barómetro del estiércol.

Y para que nadie lo ponga en dudas o intente tambalearme con cuestionamientos de poca monta: sí los estoy atacando. Sí los estoy verbalmente embistiendo. Sí estoy total y absolutamente contra ellos, porque no soy cubano como ellos, o ellos no son cubanos como yo.

Ahora, en medio de todo esto, algunos amigos de mi alma vuelven al supuesto “medio“: o sea, “no queremos bloqueo externo, pero tampoco bloqueo interno“… y así, milagrosa y mágicamente, repiten la misma canción gastada por décadas, manteniendo lo mismo y quedando bien con casi todos… excepto con los que muy bien entienden que “el medio” en la política es sólo una puerta de correderas, lista para moverse más a la derecha o la izquierda, según el traje que haya que sacar del closet.

No pienso desgastarme en debates y discusiones supuestamente muy “democráticas” en homenaje fatuo a la diversidad de opinión. Claro que ellos y yo podemos pensar diferente, con el mismo derecho. Claro también que ambos podemos detestarnos, con el mismo derecho.

Y por supuesto, que tenemos el ultra democrático derecho a colocarnos en trincheras opuestas… con la única diferencia que la mía está muy bien marcada: primero quitamos el bloqueo, dejamos que Cuba compita y obre en igualdad de condiciones con el resto del mundo, y luego nos le vamos encima a todo lo demás; y la trinchera de ellos está construida sobre cilindros que la ayudan a moverse, según todas las conveniencias, menos una: la suerte de ese pueblo grande, lindo, digno, que sufre y sueña con que un día dejen de tomarlo como moneda de cambio para enterrar a sus muertos sin guerra y criar a sus hijos en paz.

No Cuba. No Cubanos de la Isla, asediados por mil pandemias diversas. Sepan ustedes que no hay MODERACIÓN ni un tibio MEDIO aquí. Que no les fastidien con retórica (muy bien manejada por algunos). O se está contigo, o se está contra ti. Impedir que Biden pueda mejorar las relaciones con Cuba es el verdadero y único PROPÓSITO: lo pueden disfrazar de mil maneras diferentes, lo pueden ocultar y enmascarar bajo supuestos pretextos de “libertad” y “democracia“, las dos palabras más prostituidas que conozco, pero a fin de cuentas, ESTÁN CONTRA TÍ.

No nos desgastemos en la infinita inutilidad de la controversia contra quienes no simplemente piensan diferente, sino que están contra nosotros. No gastemos pólvora en balas de bajo calibre, cuando los cañones anti bloqueo están sedientos de más fuego.

No caigamos en la trampa del “debate mercenario” y dediquémonos a construir los Puentes de Amor que promueve el querido Carlos Lazo, a participar en las Caravanas que el “Proteston Cubano” y otros valientes organizan cada mes en diversas ciudades de EEUU y el mundo, y subamos nuestra foto con orgullo al Grupo de “Cubanos y Americanos Contra el Embargo” con un simple y poderoso mensaje al Presidente de los Estados Unidos y a la opinión pública estadounidense:

No estamos en el “medio“, no ponemos en venta nuestras lealtades: “Mr. Biden, por favor. Ponga Fin al Embargo a Cuba

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