Esta mañana, los activistas de extrema derecha se reunieron en Washington DC para un mitin de “libertad de expresión“, y fue una experiencia tan vergonzosa y tan desastrosa como podrías haber previsto.

Alrededor de doscientas personas se reunieron para el evento principal, que resultó ser un mitin de los Chicos Orgullosos (The Proud Boys), un extraño grupo de odio neofascista fundado por el misógino profesional y supremacista blanco Gavin McInnes.

McInnes inició sau nefasto show al llegar al escenario con esposas para hacer un comentario dramático sobre cómo los medios de comunicación censuran a la extrema derecha e infringen su libertad de decir insultos raciales. Luego quiso quitarse las esposas y no le funcionó.

Andrew Beaujon: “Gavin McInnes está aquí con esposas para hacer un punto sobre la censura. Él quiere abrirlas, pero no funciona y alguien tiene que ayudarlo”.

Andrew Beaujon: “Aquí hay una imagen mucho mejor de McInnes por @EvyMages”.
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Lo que fue anunciado como una manifestación de “libertad de expresión” rápidamente se reveló como nada más que un púlpito de agravio de los infames racistas, todos ellos absolutamente indignados de que su privilegio blanco no los protege de las consecuencias de sus acciones.

Lejos de ser algo de lo que estar “orgulloso“, los temas del día eran la fragilidad blanca, el insaciable complejo de víctimas de la derecha y la impotencia de unos cuantos mocosos malcriados.

La mayoría de los discursos fueron solo de los infames derechistas, cuyas carreras están en el inodoro, acerca de lo difícil que es su vida después de ser expulsados ​​de las redes sociales.

Para darte una idea de lo perturbada que se ha vuelto esta gente, la virulenta islamófila Laura Loomer comparó la pérdida de su cuenta de Twitter con el Holocausto y se quejó de que había sido incluida en un “gulag digital” por sus odiosos ataques contra la representante Ilhan Omar (D-MN).

La desesperación patética de los oradores y su incesante furia por haber sido expulsados de las principales plataformas de medios sociales deja en claro que dejarlos sin sus tribunas digitales es una de las herramientas más eficaces que tenemos para combatir la retórica del supremacismo blanco y la difusión de su influencia perniciosa.

Es un recordatorio de lo importante que es que sigamos luchando para responsabilizar a las grandes corporaciones y recordarles el papel fundamental que desempeñan en expulsar a los portadores del odio y a los racistas de sus plataformas, y a su vez, cortar su capacidad para llegar a una audiencia, para recaudar fondos, para organizar manifestaciones de quejas como esta, y obstaculizar su capacidad para viajar y coordinarse con otros extremistas.

Una vez más, los asistentes de la extrema derecha fueron superados en número por contra manifestantes y activistas antifascistas. Pero los Chicos Orgullosos una vez más encontraron algunas caras amigables entre los oficiales de la policía de Washington DC, como lo hace la extrema derecha estadounidense en la mayoría de sus eventos públicos, otro recordatorio muy perturbador de cómo los nacionalistas blancos se han infiltrado en la aplicación de la ley y en qué lado de la valla se apoyan sus lealtades.

El evento concluyó con un gemido, mientras los activistas se dirigían a la siguiente parte de su grift: un “cordial encuentro” VIP por el bajo precio de $ 150 (precio que comenzó en $ 394).