A medida que el régimen de Trump se tambalea entre la rebelión armada y la irrelevancia, se está acumulando el desprecio sobre todos los que alguna vez estuvieron asociados con la administración del presidente traidor, tanto los actualmente en el cargo como los anteriores, que a fin de cuentas continúan defendiendo a Trump y sus esfuerzos sediciosos por negar los resultados legítimos de las elecciones presidenciales del 2020.

Quizás ningún exfuncionario en el círculo íntimo de Donald Trump enfrentó un ridículo más efectivo tras el asalto del Capitolio la semana pasada por turbas rebeldes de partidarios del MAGA vengativos y violentos que la ex secretaria de Prensa Sarah Huckabee Sanders.

Mientras que el resto de la nación que no estaba de acuerdo con esa insurrección estaba ocupada temiendo por el futuro de nuestra democracia, Sanders estaba en Twitter quejándose de cómo ella y otros extremistas de derecha estaban perdiendo un gran número de seguidores a raíz del giro fascista de la administración hacia el derrocamiento violento de nuestro sistema de gobierno.

Sarah Huckabee Sanders: Perdí 50,000 seguidores esta semana. La izquierda radical y sus grandes aliados tecnológicos no pueden marginar, censurar o silenciar al pueblo estadounidense. Esto no es China, esto es Estados Unidos de América, y somos un país libre.

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A diferencia de su ex jefe, al menos la ex secretaria de prensa todavía tiene acceso a las redes sociales.

Las cuentas de Sanders y los otros funcionarios de la administración Trump, cuyo número de seguidores se redujo precipitadamente en los últimos días, probablemente sufrieron debido a la eliminación de Twitter de múltiples cuentas asociadas con QAnon y al llamado a una respuesta violenta a las mentiras sin evidencia del presidente sobre la elección supuestamente “robada“, pero ¿por qué contemplar las justificadas consecuencias de las acciones sediciosas cuando puedes acusar a tus detractores de censura?

La reacción a la lamentable queja de Sanders fue rápida y brutal, pero ninguna respuesta probablemente fue tan profunda como la de un ex maestro de Historia en Little Rock Central High, en Arkansas, cuando ella fue estudiante allí.

Dana D. Deere: “Tú eras estudiante la la Secundaria de Little Rock cuando yo enseñaba allí sobre el Gobierno estadounidense, pero tú no tomaste las clases avanzadas. Si lo hubieras hecho, quizás entenderías mejor la Primera Enmienda y la diferencia entre los límites en el gobierno y las livertades de los individuos privados”.

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Si bien el Sr. Deree puede lamentar que Sarita nunca se molestó en tomar su clase de Gobierno, sí le enseñó a la joven en la escuela dominical y ahora cree que ella fue mejor absorbiendo esas lecciones que entendiendo la Primera Enmienda.

Dana D. Deere: Yo enseñé en la Escuela Dominical también. Tú tampoco aprendiste aquellas lecciones.

Estoy algo dudoso respecto a este tweet. Yo no juzgo tu corazón, Sarah, pero cosas como decir la verdad y amar a tus vecinos están en el corazón de las escrituras”.

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Para Sanders, aparentemente evangélico, ese ataque a su falsa piedad debe haber sido probablemente el más doloroso.

Y para evidencia de lo pequeño que es este mundo, resulta que Deree también tiene una conexión con otro ex secretario de prensa de Trump, Sean Spicer.

Dana D. Deree: “Historia cierta: yo también serví en la Marina con Sean Spices – en oficinas separadas por unos pocos pies. Asumiendo que él no ha convertido la Constitución en una burla para apoyar la violenta usurpación de la República, me reservaré esas historias para hacerlas viral otro día”.

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Quizás Spicer sea lo suficientemente inteligente en este punto como para mantener la boca cerrada con respecto al intento de golpe del miércoles, pero, maldita sea, ¡todos queremos escuchar esas historias ahora, Sr. Deree!