Algunos de nuestros muy bien informados lectores y lectoras llevan muchos años en Estados Unidos y/o son muy entendidos en política, por tanto me encantaría que opinaran sobre un tema que nos PREOCUPA y OCUPA, aunque quizás algunos de ustedes también sientan lo mismo.

Además de la famosa definición de locura que en la imagen que acompaña este post se atribuye al gran Einstein, el caso es que desde el famoso “Arte de la Guerra” que casi todos hemos estudiado, hasta las enseñanzas de los más reconocidos estrategas contemporaneos, nos han enseñado que los “tiempos de EXTREMA CRISIS requieren de medidas EXTREMAS“.

Y no hay dudas que estamos viviendo la crisis democrática más extrema de la historia, agudizada por la posibilidad (nada descabellada, por cierto) de que Trump vuelva a ganar en el 2020, lo que ya la está convirtiendo, de facto, en la MÁS EXTREMA DE LAS CRISIS, que quizás debería estar exigiendo las MÁS EXTREMAS DE LAS MEDIDAS.

Sin embargo, nosotros percibimos al Partido Demócrata, -la única fuerza real capaz de enfrentar a Trump y los Republicanos-, haciendo las mismas cosas que han venido haciendo durante décadas y tomando las MISMAS MEDIDAS de siempre, sin contar la peligrosa división interna que a menos de año y medio de las elecciones vemos entre los moderados centristas, los que están un poco más a la izquierda o a la derecha del centro,  y los extremistas de ambos lados.

Hoy todo el país sabe que, a menos que aparezca una nueva, y casi extraterrestre evidencia de la corrupción e insanidad de Trump, este será el candidato republicano para el 2020. Eso le da tiempo a los conservadores (incluidos los decentes), a los trumpistas y al resto de la peor calaña social, la oportunidad de PREPARARSE con tiempo, de reagrupar sus fuerzas, de tejer entarimados sociales y patrañas digitales que jueguen a favor de su victoria.

En nuestro caso, tenemos un calendario, que según nuestra humilde ignorancia se extiende desde los Caucus de Iowa el 3 de Febrero hasta la Convención Demócrata en Julio 13-16 del 2020 para saber quién será nuestro aguerrido e iluminado (o iluminada) contendiente y entonces tendremos unos pocos meses para hacer lo que ellos ya están haciendo desde ahora, con una enorme ventaja táctica y estratégica.

Y sí, ya sabemos que hay una Ley Electoral en EEUU que regula cuando y cómo se puede hacer cada cosa…, pero Trump y los Republicanos se han defecado soberanamente en las instituciones, las leyes y las regulaciones, encontrando “magistralmente” caminos, vericuetos y veredas para violarlas, esquivarlas…, pasarles por encima.

¿De verdad no podemos ADELANTAR de alguna manera la nominación demócrata y ganar algo de tiempo? ¿No sería una medida extrema JUSTIFICADA?

También sabemos que los ex presidentes mantienen cierta ética de participación en los procesos electorales bajo CONDICIONES NORMALES, pero no tenemos claro cómo deben actuar en CONDICIONES EXTREMAS?

Ante las lagunas de liderazgo en el Comité Nacional Demócrata, no sería razonable (aún cuando quizás extremo) pedirle, quizás exigirle, a Barack y Michelle Obama ser 10 veces más proactivos de lo que han sido en los últimos 2 años?

¿Tenemos que seguir nosotros actuando mansa y pasivamente “según el libro“? ¿Hasta dónde el respeto y la cordura se convierten en “ingenuidad” o, peor aún, en “suicidio político“?

Ya bastante fastidiados estamos con el obsoleto concepto de los “super delegados“, -que para esta contienda ha cambiado cosméticamente, pero no en su esencia-, como para seguir al pie de la letra el caminito verde empedrado por los republicanos, que no “va a la Ermita” (como decía la canción de Antonio Molina inmortalizada por José Feliciano), sino directo, o al menos con altas probabilidades, a nuestra propia perdición.

Como siempre, agradecemos la paciencia de los que hayan podido leer hasta aquí, pero esta vez les pedimos algo más: o bien nos explican lo equivocado que estamos y así nos tranquilizan a nosotros y a muchos otros; o bien comienzan a escribir a cuanta persona conozcan en el liderazgo demócrata a todos los niveles y les hacen partícipe de nuestro sentimiento y nuestra frustración.

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