El jueves por la mañana, el presidente arremetió contra el difunto senador John McCain después de ver el episodio de anoche del programa de Tucker Carlson en FOX News, que presentaba a la candidata a vicepresidente de McCain, Sarah Palin.

Aunque no pudo evitar criticar al republicano muerto como un “pésimo candidato con muchas malas políticas“, el verdadero objetivo de su ira eran los “imbéciles” que dirigían la campaña de McCain como Steve Schmidt, a quien acusó de “sabotear” su campaña desde el interior.

El ex estratega de campaña senior de McCain, Steve Schmidt, es un crítico vocal de Trump y es miembro del llamado “Proyecto Lincoln”, el grupo de operativos republicanos fracasados ​​que están tratando desesperadamente de congraciarse con el Partido Demócrata y asegurar un futuro para sus carreras políticas con sus anuncios televisivos y tweets robados.

Donald J. Trump: Sarah tiene razón. McCain era un pésimo candidato con muchas malas políticas, pero los “imbéciles” sabotearon su campaña desde adentro y nunca le dieron la oportunidad de ganar. ¡Espero que estén contentos con OBiden, quienes me trajeron a mí!

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Donald Trump comenzó a atacar a John McCain mucho antes de que se acercara a la Oficina Oval, cuestionando el historial de servicio militar de McCain en una entrevista con Megyn Kelly y diciendo que a él “le gustaban los veteranos que no fueron capturados“.

Desde entonces, la disputa entre McCain y Trump se convirtió en una serie de críticas silenciosas de McCain y respuestas groseras del presidente, interrumpidas por el hecho de que McCain continuaba votando a favor de todo lo que el presidente Trump quería hacer, hasta la votación crucial sobre la derogación de Obamacare y su reemplazo con un caparazón hueco que sacaría a decenas de millones de su atención médica.

En un dramático enfrentamiento en el Senado, McCain votó “no” y dio una patada final en los dientes a uno de los mayores objetivos políticos de Trump, y provocó la animadversión que ha mantenido el rencor infame e interminable del presidente hacia McCain.

Aunque McCain lleva muerto dos años, el impulso de venganza personal de Donald Trump sigue siendo tan fuerte que nunca pierde la oportunidad de difamarlo. Es otro de los innumerables defectos de carácter que lo hacen excepcionalmente incapaz de ocupar el poderoso cargo que ocupa.