Dado el considerable número de libros de información privilegiada que ya han sido escritos por periodistas y ex miembros de la administración Trump, uno pensaría que quedaban pocas anécdotas impactantes para revelar al público.

Sin embargo, esta administración parece ser una fuente interminable de historias nuevas y extremadamente embarazosas sobre el nivel de incompetencia e idiotez que posee el actual ocupante de la Casa Blanca.

En su nuevo libro,  A Very Stable Genius , los reporteros del Washington Post Philip Rucker y Carol Leonnig han compilado una gran cantidad de evidencia de la ironía del título de su tomo, obtenida de extensas entrevistas con más de 200 fuentes diferentes, lo que se completa con evidencia documental de la validez de sus informes.

Entre las numerosas anécdotas devastadoras y apenas concebibles sobre las deficiencias del hombre elegido por una minoría de votantes equivocados para el cargo más alto de la nación hay una historia incriminatoria que, si contiene incluso una pizca de veracidad, debería demostrar a todos cuán descalificado está Donald Trump para el papel que se le permitió asumir.

La historia se refiere a la participación de Trump poco después de su inauguración en un documental de HBO con todos los presidentes vivos, junto con un grupo selecto de juristas y legisladores, leyendo en voz alta la Constitución que todos han jurado defender en sus juramentos.

Según los informes de Rucker y Leonnig, el presidente actual no tuvo un momento fácil llevando a cabo lo que la mayoría de los estadounidenses alfabetizados después del octavo grado podrían hacer sin problemas.

Como era de esperar, Trump luchó para leer la prosa arcaica del documento fundador de la nación, tropezando con las palabras frente a él y culpando a otros a su alrededor por sus propios errores. Si bien la elocuencia sofisticada nunca fue una cualidad distintiva de este presidente en particular, vale la pena señalar que se le pidió a Trump que leyera una sección de la Constitución, presumiblemente desde un teleprompter, para no recitarla de memoria.

“Es como un idioma extranjero”, gimió Trump, revela el libro.

Uno podría entender si el presidente hubiese tenido dificultades para recitar texto de un denso libro de texto médico o una revista científica llena de jerga técnica, pero este fue el documento que juró “preservar, proteger y defender” en su juramento.

El hecho de que apenas podía leer el documento, mucho menos entender lo que juraba “ejecutar fielmente“, explica gran parte de su conducta posterior en el cargo y demuestra claramente su falta de calificaciones para el trabajo que ha realizado de manera tan desastrosa.

Uno solo puede esperar que suficientes senadores republicanos reflexionen sobre este incidente y sus implicaciones antes de decidir cómo votarán en su próximo juicio político.