Melania Trump fue durante cuatro años un personaje comprometido. Para unos, la víctima perfecta de un tipo como el Donald. Para otros, la cómplice perfecta. Poco a poco vamos aprendiendo más de ella y vamos entendiendo cuál de los dos bandos tenía la razón.

Eso va quedando aún más claro desde que se publicara el nuevo libro de Bob Woodward y Robert Costa sacando al aire muchos de los trapos sucios que la administración Trump ha tratado con maña ocultar y acallar.

Con un título muy sugerente: Peligro el libro ya estaba causando sensación con numerosos extractos reveladores sobre la desastrosa y caótica presidencia que fueron llegado a Internet antes de su lanzamiento oficial ayer, y esto se multiplica ahora que ya está en las calles y las principales librerías del país.

Para regocijo de muchos y gran ira por parte de no pocos, nos hemos ido enterando que Trump realizó comentarios antisemitas sobre su yerno Jared Kushner, que no se contuvo para insultar al líder de la minoría de la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, y que prácticamente le tiró el teléfono a Lindsey Graham después de que el senador le dijera que él  había «jodido hasta su propia presidencia» .

Pero ahora nos llega un detalle bastante revelador sobre la efímera ex primera dama, Melania Trump.

De acuerdo con las confiables revelaciones de Woodward y Costa, la señora Trump trató de convencer a su marido de que él no había cometido un error al nombrar al guerrero republicano Bill Bar como Fiscal General.

Hubo un momento en que Trump estaba muy molesto porque Barr había «dicho cosas agradables sobre Robert Mueller«, el republicano de larga data que fue puesto a cargo de la investigación Trump-Rusia. Entonces la astuta Melania intentó calmarle, sabiendo como mover ciertas teclas muy predecibles para que no se arrepintiese de la selección de Barr.

«¿Estas loco?» le dijo a Trump. “Este tipo acaba de salir del «elenco principal». Mira, es un fiscal general«. Barr supuestamente podía mostrar un fuerte contraste con el «cara de ratoncito» de Jeff Session . 

Astutamente, Melania se centró en discutir la «imagen» del AG porque ella y todos sabemos que el Anaranjado otorga «un valor añadido a la apariencia» y Barr con «seis pies de estatura y con una barriga extraordinariamente grande, se presentaba como un abogado sobrio y conocedor«.

Ya en esa etapa de su presidencia, la obsesión de Trump con la apariencia física de su personal llegó a estar más allá de la parodia. A él le encantaba referirse a las personas que le gustaban como si hubieran salido directamente del «elenco principal» de una película, una costumbre a la que se apegó mucho en sus días en la televisión.

Trump ha usado repetidamente esa frase para describir a Brett Kavanaugh, el depredador sexual acusado que nombró a la Corte Suprema de por vida. De la misma manera, utilizó el término para describir al ex vicepresidente Mike Pence, al ex secretario de Defensa James Mattis, así como a los gobernadores que le gustan.

Puedes recordar también (porque fue revelado en un libro anterior), que Trump se opuso a nombrar a John Bolton (sí, aquel indeseable halcón de guerra que quería echar a pelear a EEUU con el resto del mundo y terminó peleándose con Trump) para un puesto superior en el gabinete porque no le gustaba su prominente bigote .

El infame ex presidente, además de no tener valores ni verguenza, no tiene más cerebro que el que podría presumir un niño de escuela primaria y somos realmente muy afortunados de que ya no esté sentado en la Oficina Oval.