De los más de 55 millones de latinos y latinas que viven en los Estados Unidos, hay 32 millones de personas de origen latino que tienen derecho a votar en la próxima elección de EE.UU., una cifra que equivale a toda la población de Perú.

Es un número récord y se espera que sea la primera vez en la historia que los latinos constituyan la minoría racial o étnica más numerosa del electorado estadounidense con un 13,3% (sobrepasando incluso a los afroestadounidenses).

Y cada cuatro años, vuelve a surgir la expectativa sobre qué tan crucial será el voto de los latinos para escoger al próximo presidente.

En esta ocasión, los expertos coinciden en que hay que estar atentos a lo que suceda en estados con numerosa población hispana, como Texas, Arizona y Florida, considerados sitios clave que podrían inclinar la balanza sobre cualquiera de los dos candidatos, Donald Trump o Joe Biden.

Pero después de cada elección el análisis de los resultados tiende a ser el mismo: que los latinos “no se presentaron” a las urnas como se esperaba, acentuando el apodo que nos hemos ganado involuntariamente: el “gigante dormido“.

Cada cuatro años, también, los candidatos idean estrategias para atraer al llamado “voto latino” utilizando por ejemplo el español en los mensajes de propaganda.

EN TORNO A ESO EXISTEN TRES MITOS

1) Que es uniforme y monolítico
No solamente usan el término “voto latino” en Estados Unidos para referirse a los votantes de origen latinoamericano o hispano, sino que también usan “voto negro” para hablar de los electores afroestadounidenses y “voto blanco” para quienes se identifican como tal.

Si algo nos gusta en Estados Unidos es etiquetar las personas y las cosas desde hace décadas y en el caso de los latinos, los expertos advierten que detrás del genérico “voto latino” hay una amplia diversidad de personas de diferentes orígenes distribuidas en la enorme geografía del país.

“Hablar del ‘voto latino’ como uno único implica que es un grupo de personas que comparten los mismos puntos de vista, y aunque hay coincidencias, no todos piensan igual”, dice Mark López, director de Migración Global e Investigación Demográfica del Centro Pew de Investigación, con sede en Washington.

Entre el total de latinos con derecho a votar en el país, el 59% son mexicanos o mexicano-estadounidenses, el 14% son puertorriqueños, el 5% de origen cubano y el 22% de otros orígenes hispanos, de acuerdo con cifras del 2016 presentadas por Pew.

En los últimos 20 años, además, el tamaño del electorado se ha más que duplicado y cada vez se han vuelto elegibles para votar más personas de diferentes países de origen hispano, ilustra López. Esta es sin dudas, una de las causas por las que más nos detesta Trump.

Aunque los expertos piden desmarcar la palabra “monolito” de la manera en que los latinos votan en Estados Unidos, explican que hay un motivo histórico que llevó al uso del término “voto latino“.

“Creo que es un concepto al que aspirar, porque fue el mecanismo que atrajo a personas de diferentes orígenes al ámbito político en la década de 1960, para construir este movimiento político latino a partir de un esfuerzo colectivo”, dice Benjamin Francis-Fallon, autor de The Rise of the Latino Vote (“El auge del voto latino”) y profesor de historia en la Western Carolina University.

El poder político de los latinos, explica por su parte la politóloga Melissa Michelson, se ha establecido con base en alianzas entre, por ejemplo, mexicanos y puertorriqueños.

“Los latinos han reconocido que ha sido una estrategia de organización. Si cada pequeña comunidad latina fuese entendida por separado, tendría muy poco poder”, apunta.

Pero el enfoque unitario a menudo no ha ayudado a los políticos en sus intentos de atraer a ese electorado.

“Vemos que no hay suficiente acercamiento ni es significativo. El candidato importa y tiene que hacerse conocido con la comunidad”, dice Clarissa Martínez de Castro, vicepresidenta adjunta de la organización no partidista Unidos US.

Pero al analizar la campaña presidencial actual, el análisis de Michelson es que “hay un reconocimiento de ambos partidos de la diversidad del electorado latino“, y pone como ejemplo la estrategia de Trump para atraer el voto de los venezolanos en Florida.

2) Que es contundentemente demócrata
Si bien es cierto que el Partido Demócrata tradicionalmente ha obtenido más apoyo por parte de los hispanos en comparación con su contraparte republicana, no ha logrado atraer a este electorado en su totalidad.

Alrededor del 62% de los votantes latinos se identifican o inclinan hacia los demócratas, mientras que el 34% lo hace con los republicanos, según estimaciones hechas por el Pew este año.

Pero aun con la promesa de construir un muro entre México y Estados Unidos y tras imprimir calificativos como “violadores y asesinos” a los inmigrantes mexicanos, Trump ganó la Casa Blanca en 2016 con el apoyo del 28% del electorado hispano.

En elecciones previas, el republicano George W. Bush, por ejemplo, obtuvo un respaldo récord de los latinos, con un 40% que le votó en 2004.

“Algunos políticos asumen que los latinos son demócratas, como si el votante naciera con un ADN fijo”, advierte Clarissa Martínez de Castro.

“La realidad es que por un largo tiempo los latinos presentaron un patrón cambiante al votar. No votaban necesariamente por un mismo partido. Por ejemplo, podían votar por un demócrata para gobernador y por un republicano para senador”, explica.

La aproximación del Partido Republicano hacia el rol menos protagónico del Estado en los asuntos de la sociedad y la creencia en valores conservadores y religiosos son algunos elementos que atraen a votantes latinos, apuntan los expertos.

En contraposición, el enfoque del Partido Demócrata de que el gobierno “asegure oportunidades accesibles de trabajo y educación“, genera más afinidad entre otros votantes hispanos, explica Martínez de Castro.

La especialista apunta que, en la última década y por la retórica “anti-latino” del Partido Republicano, el electorado latino se ha ido alejando cada vez más, pero advierte que los demócratas “no han terminado de capitalizar a esos votantes como parte de su base“.

Otro de los preconceptos, agrega el historiador Francis-Fallon, es considerar al electorado cubano y cubano-estadounidense como “el único que simpatiza con los republicanos”.

En el marco de este ciclo electoral, medios especializados en Estados Unidos se han apoyado en encuestas para reseñar en meses recientes que Joe Biden, el candidato demócrata, no estaba atrayendo al electorado latino del mismo modo que Hillary Clinton en la campaña anterior.

“El único grupo [demográfico] con el que Biden sigue teniendo un desempeño levemente inferior son los latinos: el 59% dijo que votaría por Biden en lugar de Trump, pero Clinton ganó el 66% de sus votos en 2016”, escribió el pasado mes de junio Domenico Montanaro citando una encuesta de la Radio Pública Nacional (NPR, por sus siglas en inglés).

Sin embargo, en los últimos meses y semanas la campaña Biden ha dado a la comunidad latina la prioridad que merece, tanto en anuncios como en visitas y encuentros personales, lo que ha tenido una excelente respuesta por parte de nuestra gente y hoy ya está prácticamente confirmado que poco más de las dos terceras partes (2/3) de los latinos apoyan a Biden. En el Diario Latinoamericano, dado que manejamos la página Latinos Contra Trump, con casi 230,000 miembros, pudimos compararla con Latinos por Trump que solo pudo llegar a 75,000 simpatizantes (3 veces menos).

3) Que solo se preocupa por políticas de inmigración
El 25% de los latinos elegibles para votar son inmigrantes y, aunque no es un porcentaje menor, esto significa que el otro 75% nació en Estados Unidos.

Los expertos coinciden en que uno de los preconceptos más comunes al pensar en este electorado es que su única preocupación o motor para votar son las políticas migratorias.

“Tradicionalmente asuntos como la economía, el empleo y la educación han sido de prioridad para los votantes hispanos. En años recientes hemos empezado a ver que priorizan el acceso a la salud y la inmigración”, dice Clarissa Martínez de Castro.

“Más de la mitad de los votantes latinos conocen a alguien que es indocumentado, así que el trato a los inmigrantes es un asunto personal”, agrega.

Antes de la pandemia, la mayoría de los votantes latinos registrados habían manifestado su interés en el aumento del sueldo mínimo, en la creación de leyes más estrictas sobre la tenencia de armas y más participación del gobierno en el acceso a la salud, según una encuesta nacional realizada por el Centro Pew.

En este ciclo de campañas, la politóloga Melissa Michelson apunta que probablemente temas como la economía y el coronavirus son de gran importancia para los latinos.

“No todos los latinos o posible votante tienen la misma relación con las políticas migratorias o está preocupado por estas”, acota.

“El reto para los demócratas está en no etiquetar automáticamente a los votantes latinos como mexicanos o inmigrantes”, añade.

A los latinos se les señala como “un grupo que no vota en proporción a su importancia demográfica y política”, apunta Mark López.

Pero este comportamiento se puede analizar más allá de un desinterés, exponen los expertos.

Algunos elementos que han afectado la participación son, según enumeran, la juventud del electorado -casi un millón de estadounidenses de origen latino cumple 18 años cada año-, la necesidad de más esfuerzos por parte de los estados en promover el registro electoral y el acercamiento de los candidatos.

Otros factores que señalan son:

  • Reglas de votación estrictas en algunos estados, que requieren identificación con foto u otros requerimientos para ejercer el voto.
  • Centros de votación distantes de las viviendas y dificultades para transportarse.
  • La fecha de elección en un día de semana (martes) y la imposibilidad de abandonar la jornada de trabajo para votar.
  • Una menor tradición o hábito de votar por parte de los hispanos nacidos en EE.UU. que han crecido en hogares cuyos padres son inmigrantes y no califican para votar.

Los latinos viven en lugares del país que no se consideraban campos de batalla por los partidos en la elección, como California, por ejemplo, y eso puede tener un impacto en el alcance de las campañas“, explica López.

Sin embargo, el país ha visto en los últimos 20 años una expansión en la presencia de hispanos en estados donde tradicionalmente no vivían, algunos de ellos cruciales para ganar una elección presidencial, como es el caso de Pensilvania.

En la campaña presidencial anterior, indica por su parte Martínez de Castro, “el 60% de latinos con una alta probabilidad de participar en el proceso reportaron que no habían sido contactados por las campañas o los candidatos“.

La experta señala el registro de nuevos votantes como un punto crítico, al apuntar que 8 de cada 10 latinos registrados votan en las elecciones presidenciales.

“Tenemos un sistema que no invierte mucho en promover que la gente se registre para votar”, advierte.

Pese a este historial, los especialistas apuntan que los latinos sí han tenido influencia sobre elecciones, especialmente en los resultados de estados clave como Texas y Florida. Hoy recibimos información de que Biden lleva una ligera ventaja en Texas en estos momentos y una ventaja aún más marcada en Florida. Sin duda alguna, los latinos tenemos mucho que ver con esto.

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