Nuestro Editor en Jefe publicó estas notas en su sitio web. Por la connotación que tienen y la capacidad de hacernos reflexionar, hemos decidido republicarlas aquí:

Ayer un amigo, joven y muy talentoso abogado, recordaba la decencia del discurso de concesión de McCain en el 2008 cuando perdió ante Obama y afirmaba que esta nación, que 8 años atrás pudo convivir decentemente en la diversidad, tiene que sanar y unirse, como primera prioridad. Yo lo apoyé, por supuesto, porque es lo que se debe hacer. Porque tiene razón. Porque así tan divididos, tan enfrentados terminaremos hundiendo al país.

Mi problema, sin embargo, es que no tengo ni idea de cómo esto puede ser posible. He intentado dialogar con Trumpistas y no hay forma de que entiendan de razones, ni de hechos, ni de tendencias y análisis. Es lo que dice su «líder de culto» y punto. Lo estamos viendo ahora, cuando la mayoría ha hablado, cuando el retador se ha mostrado super decente, cuando se están haciendo enormes esfuerzos por evitar disturbios y confrontaciones. Cuando el Tío Joe, en vez de declararse vencedor (como hizo Trump con muchos, muchos menos votos) decide aplazar declaraciones y esperar a que se cuente hasta el último voto.

Reclaman respeto a la «diversidad de opinión«, pero eso aplica cuando dices que la hamburgesa es más rica que la pizza, o cuando piensas que «El Ciudadano Kane» es mejor película que «Casablanca«… pero cuando apoyas poner niños en jaulas; tratar a inmigrantes como si fueran animales y separarlos de sus hijos; agarrar a las mujeres por la vagina sólo porque eres famoso; destruir la poca salud que le queda al Planeta; haber podido impedir la muerte de decenas de miles de estadounidenses y no hacerlo por no perjudicar tu re-elección; dejar a 20 millones de seres humanos sin cobertura médica; llamar a los soldados caídos en combate «imbéciles» y «perdedores«; serruchar el sueño de los chicos de DACA; apoyar la brutalidad policial contra las personas de color; dignificar la supremacía blanca, el racismo y la discriminación, entre muchas otras atrocidades, entonces eso no es DIVERSIDAD DE OPINIÓN y me abstengo de llamarlo por su nombre, por esta vez, para tratar de ser comedido.

Biden ha dicho, acertadamente para su posición actual y futura, que pensar diferente no nos hace enemigos. Pero esos que abogan por matar a mi madre de hambre en Cuba para que se rebele y haga lo que ellos no tuvieron ni tienen el valor de hacer, no son mis adversarios, son mis enemigos, por mucho que me pese tener que contradecir la frase bonita del momento. Y créanme que tanto ellos como yo, aún si nos vistiéramos de seda, aplicaría el refrán de «mona se queda«.

Ahora su último caballo de batalla es el supuesto «fraude» de las elecciones sin evidencia alguna o con evidencias «fabricadas». Olvidemos por un momento la integridad que este país ha presumido por décadas respecto a su proceso electoral y el daño que ellos y su líder están haciendo a nuestras instituciones y nuestra credibilidad. Busquemos refugio sólo en la LÓGICA:

¿Si de verdad pudiésemos falsear unas elecciones elegiríamos a Biden y dejaríamos al engendro maligno de McConnell al frente del Senado, o no nos garantizaríamos la mayoría que tanto necesitamos y no hemos logrado? ¿Cómo puede ser que se pueda uno amañar unas elecciones cuando el Presidente es Republicano, la mayoría del Senado le corresponde a su partido… y que incluso se cuestionen los resultados de estados manejados íntegramente por republicanos?

Hay que ser muy ignorantes, y traté de no decirlo, pero también muy imbéciles, para creerse eso.

Le deseo lo mejor al nuevo Presidente en su labor «unificadora» e igual que peleé muy duro por él durante meses sin que fuera «mi» candidato, estoy dispuesto a apoyarlo en su empeño, que considero loable y digno de ser enunciado en estos momentos, pero que no creo posible exclusivamente «por las buenas«, sin que medie la necesaria coherción que obliga a la razón cuando ya no existe razonamiento. Espero que los demócratas hayan aprendido al menos parte de la lección.

Creo firmemente que podemos construir un país mejor, un mundo mejor, pero anoche volví a ver con mi esposa el primer discurso inaugural de Obama. Difícilmente puedas encontrar un líder con tanta energía, tan carismático, tan inteligente, tan decente y con tan buenos deseos de ayudar a la gente. ¿Y qué nos dejó, además de Obamacare, unas cuantas medidas ambientales y muchos buenos esfuerzos después de 8 años? Pues a Trump por 4 años.

¿Saben por qué? Porque nuestros problemas no dependen de un hombre, ni siquiera de ese gran hombre, como tampoco dependerán de Biden, sino de NOSOTROS, de que juntos ataquemos la corrupta y retrógrada esencia del sistema.

Y de que lo hagamos con mesura, pero con valor. Con pasos bien medidos y no saltos apresurados, pero con una evaluación real del efecto a mediano y largo plazo de las reformas cosméticas y los cambios sustanciales necesarios.

No se trata de «radicalismo«, sino de «realismo«. No se trata de «utopías» sino de abrumadoras realidades que a veces obviamos, o posponemos, pero que al final terminan mordiéndonos la mano, o el cuello. Defendamos la concordia y la paz REALES, no la que cubre con guantes de seda afiladas uñas de acero. Sostengamos juntos el escudo, pero aprendamos de una vez a manejar la espada.

¿Es posible unir a todo el país? NO. Pero si es posible y viable unir a una buena parte del país en un proyecto conjunto de nación. De una mejor nación. Para ello, coronemos esa espada que arriba mencionamos con el ramo de olivo. Eduquemos y eduquémonos. Enseñemos y aprendamos. Construyamos puentes y nuevos caminos. Ahora, sin Trump, eso es posible.

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