Durante meses y años, cuando Elizabeth Warren y Bernie Sanders han estado insistiendo en que la salud es un derecho no un privilegio, y exigiendo el Medicare Para Todos, el gran clamor de América ha sido ¿Y CÓMO VAMOS A PAGAR POR ESO? O sea, cómo vamos a poder asumir que 27 millones que hoy no tienen seguro médico y 50 millones que no pueden pagar copagos y medicamentos puedan tener acceso a una atención médica de calidad. ¿DE DÓNDE VAMOS A SACAR EL DINERO?

Los jerarcas de Wall Street, los aterrados magnates de la industria farmacéutica y las aseguradoras han invertido millones en desprestigiar la idea, en restarle mérito, en hacerla ver como una utopía, lo que ha sido respaldado por una gran parte del Partido Republicano, y por la fracción “moderada” (por desgracia, aún parece que mayoritaria) del Partido Demócrata, que prefieren el plan de Joe Biden (un Obamacare mejorado que aún deja millones sin seguro médico y nos deja con la carga de los copagos y los costosos medicamentos), que el de Bernie Sanders, que propone simplemente convertir la salud en un derecho universal ciudadano, pues repiten al unísono que no hay de dónde sacar el dinero para pagar por eso.

Tanto la Senadora Warrens como el candidato a la nominación presidencial demócrata Bernie Sanders han fundamentado ampliamente que se puede pagar el Sistema de Atención Médica Universal eliminando los intermediarios (las aseguradoras y otros) que no aportan valor al sistema y, por lo contrario, encarecen todo; optimizando muchas otras partidas de gastos y con una ligera subida de impuestos que se compensa totalmente con lo que dejas de pagar por la asistencia médica.

De hecho quedó claro y bien demostrado, que países como Canadá e Inglaterra gastan menos percápita por habitante en salud teniendo “Salud Para Todos” que lo que gastamos en EEUU con nuestro quebrado sistema que tantas personas deja fuera. Incluso, nuestros vecinos del norte, pagan 4 veces menos por la salud que lo que pagamos en Estados Unidos.

Hay incluso estudios de economistas muy reconocidos (como el caso de este reporte del Instituto de Política Económica que hace unas semanas publicó el Washington Post) que demuestran que un sistema así tendría un impacto muy positivo en la economía en general…, pero ni así ceden los retrógrados y reformistas: una y otra vez dicen que no hay dinero para pagar por eso.

Lo que llama la atención es que ahora, con la reciente crisis provocada por la pandemia del momento, no escuchamos el mismo clamor preguntándose de dónde vamos a sacar los 2 trillones del rescate a todos los que ganan menos de $75,000 en el año. Claro, el problema es que la mayoría de los que se oponen al Sistema de Salud propuesto por Sanders y Warren, tienen un buen seguro de salud (o les han hecho creer que lo tienen) sea porque lo ofrece su empleador o porque sus ingresos le permiten pagarlo. Por eso se permiten interponer las dos manipuladas “preguntitas” entre la solución y las personas sin asistencia médica suficiente.

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Pero esta ayuda (por cierto mucho menor que la que están ofreciendo otros países desarrollados a sus habitantes, como puedes ver en la imagen de arriba), NO LA CUESTIONAMOS pues sí esa NOS TOCA A CASI TODOS. Y entonces, como por arte de magia, desaparecieron las dos preguntas. Se les olvidaron a los republicanos y a los demócratas moderados. Antes sí. Ahora no.

Y mucho menos vemos a la para nada Santa Inquisición cuestionando de dónde saldrán los 500 MIL millones destinados a rescatar las grandes empresas. Ahora el Congreso no se estancó en las habituales preguntas retóricas, sino que hizo lo que tenía que haber hecho siempre que se trate de derechos humanos universales, según apunta Alexandria Ocasio-Cortéz.

La verdad es que la recién firmada ley de “rescate” es un gran paso de avance para el Movimiento Progresista, no sólo porque de verdad representa un alivio para casi todos los ciudadanos, sino porque pone de manifiesto la HIPOCRESÍA o la RETÓRICA con la que los Republicanos y la jerarquía Demócrata usualmente frenan el desarrollo… cuando se trata de los fastidiados de la Tierra, por supuesto.

Esperemos que a partir de ahora, mucha gente buena, y con buenas intenciones, borre las dos preguntas de marras y comience a cuestionar el “cómo sí” poner los beneficios elementales al alcance de todos, pues el “cómo no” ya nos ha golpeado por suficientes años. Y nos tiene hartos.