El año nuevo es época de doble celebración en Cuba. El cambio de calendario también marca el aniversario del triunfo de la Revolución Cubana, que llegó al poder, encabezada por Fidel Castro, el 1 de enero de 1959. Desde entonces, la nación isleña ha estado involucrada en un proyecto del que América sabe algo: la construcción de la nacion. Pero ha sido un proyecto de construcción de nación con un marcado sabor cubano.

Durante las últimas dos décadas, la estrategia estadounidense hacia Cuba ha consistido principalmente en promover la disidencia dentro de la isla mediante el financiamiento de campañas de propaganda y la formación y asistencia a las facciones disidentes de la sociedad cubana, incluidos, entre otros, periodistas y artistas independientes. Según el Informe al Congreso del Servicio de Investigación sobre Cuba del 15 de diciembre de 2020:

El 116 ° Congreso ha continuado financiando la asistencia a la democracia de Cuba y las transmisiones patrocinadas por el gobierno de los Estados Unidos a Cuba: $ 20 millones para programas de democracia y $ 29.1 millones para transmisiones en el año fiscal 2019 (PL 116-6) para programas de democracia y $ 20.973 millones para transmisiones en el año fiscal 2020 (PL 116-94, División G) ”).

El trabajo de estos disidentes ha adornado las portadas de la mayoría de los principales periódicos occidentales y se ha exhibido en galerías de todo el mundo. Este esfuerzo, combinado con las sanciones económicas y la persecución de los esfuerzos comerciales internacionales de Cuba, ha dado algunos frutos, como una protesta reciente de unos cientos de jóvenes artistas y estudiantes frente al Ministerio de Cultura en respuesta a la represión del Movimiento por parte del gobierno.

San Isidro (Movimiento San Isidro), una organización de artistas independientes, con estrechos vínculos con la embajada estadounidense, que se opone abiertamente al gobierno de la isla. Pero la intromisión estadounidense en los asuntos cubanos también ha tenido el efecto contrario, dando al gobierno cubano una justificación para su postura dura sobre la disidencia, viéndolo como otro intento del todopoderoso imperio estadounidense de frustrar la soberanía de Cuba. Esta vieja canción y baile plantean la pregunta: ¿cuál es el final del juego?

Si bien la mayoría de los intentos estadounidenses de construir una nación han tenido los resultados opuestos, el experimento testarudo, casi obtuso respecto a Cuba, ha persistido durante 62 años, quizás todavía impulsado por su propia historia de fracaso estadounidense. La que una vez fuera la joya de la corona del extinto imperio colonial español, la nación caribeña vio su propio intento de independencia frustrado por la guerra hispanoamericana.

En lo que puede entenderse como uno de los primeros proyectos de construcción nacional en los que se ha involucrado Estados Unidos, la república que surgió vio una miríada de gobiernos títeres marcados por la corrupción, la violencia y la agitación política, coronados por el golpe de estado de 1952 y el posterior reinado de terror de Fulgencio Batista, un gángster de primer orden. Era un terreno fértil para una revolución.

Cuando sucedió lo inevitable, por primera vez en su historia, Cuba se vio a sí misma como una nación verdaderamente independiente y soberana, libre de injerencias extranjeras, libre de corrupción desenfrenada y capaz de trazar su propio rumbo, crear su propia historia, construir una nación.

Debido a que surgió en el apogeo de la Guerra Fría, las acciones del nuevo gobierno para liberar al país del control político y económico estadounidense significaron que pronto perdió el favor de Washington, y desde entonces el proyecto de construcción de la nación de Cuba ha sido bloqueado por una política de sanciones y aislamiento, pero también por intentos directos de derrocar a su gobierno (como la invasión de Bahía de Cochinos), y muchos actos de sabotaje y terrorismo que, si no son patrocinados directamente, al menos han sido cometidos con la tácita complicidad de la mayoría de las administraciones estadounidenses desde entonces.

La intromisión estadounidense en América Latina durante el último siglo ha traído resultados desastrosos a la región. El resultado de las Revoluciones de Color y la Primavera Árabe, eventos precedidos por lo que se conoce como un golpe suave, no muy diferente a los que están ocurriendo en Cuba, estuvieron lejos de ser deseables. Así lo entendió el fallecido poeta cubano, disidente y preso político Jorge Valls al escribir “la desaparición del Estado soberano y, por tanto, de la nación constituida en un sujeto histórico, significa la anulación de cualquier avance posible y la disolución en la turbulencia de un mundo en caos“.

Tal vez sea el momento de un nuevo enfoque hacia Cuba. El nuevo año trae consigo una nueva administración, una que ha prometido tener una relación diferente con la isla y su gente. Un año en el que la catástrofe que azota al mundo entero debería servir para hacernos más humildes y poner el espejismo de nuestra fuerza en el lugar que le corresponde.

El espíritu de cooperación, los intereses comunes y la ayuda mutua debe ser el que nos oriente, e incluso sirva para marcar el comienzo de una nueva era en nuestra relación con nuestros vecinos continentales. Un nuevo enfoque de Cuba puede convertirse en un nuevo enfoque de América Latina en su conjunto. Quizás podría haber un lado positivo después de todo.

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Yosvani Oliva Iglesias es un poeta, ensayista y crítico cultural cubanoamericano. Su poesía ha aparecido en publicaciones literarias como Ediciones Al Aire, La Otra Esquina de las Palabras y Neo Club Press, así como en la antología de poetas en el exilio Éxodo: Versos Desde Afuera.