Esta mañana, los reporteros le hicieron al presidente Trump una pregunta simple de consecuencias devastadoras para el mundo, y su respuesta fue perturbadora, por decir lo menos:

CSPAN: “Pregunta:” Sr. Presidente, ¿iremos a la guerra con Irán?

Presidente Trump: “Espero que no”.
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Espero que no.

El hombre más poderoso del mundo no pudo dar una respuesta concreta sobre la posibilidad cada vez más probable de una guerra totalmente evitable y provocada por Estados Unidos con una de las naciones más poderosas de Medio Oriente después de una serie de provocaciones deliberadas por parte de los militares y las fuerzas diplomáticas a cargo.

El domingo pasado, los bombarderos B-52 movidos recientemente por los militares estadounidenses comenzaron a realizar “salidas de disuasión” contra Irán, un despliegue de proverbial arrogancia que no logra más que inflamar las tensiones (por no mencionar el desperdicio de grandes cantidades de combustible y dinero).

El lunes, el equipo de Trump acusó sin fundamento a Irán y sus nebulosos pero omnipresentes “proxies iraníes” de atacar a cuatro barcos sauditas, de Emiratos Árabes Unidos y noruegos en el Golfo, a pesar de que no tenían “ninguna evidencia definitiva que vinculase a Irán o sus proxies con los reportados ataques “.

Estas provocaciones son las más recientes en los esfuerzos deliberados de la administración Trump para envenenar las relaciones con la República Islámica de Irán, que se inició con el presidente Trump retirándose unilateralmente del histórico tratado de paz nuclear del presidente Obama con Irán y reimponiendo las sanciones agobiantes que pesan sobre el Pueblo iraní.

Que Trump diga que “espera que no” indica que la decisión ni siquiera está totalmente en sus manos, lo que es algo aterrador cuando se considera que su asesor de seguridad nacional, John Bolton, es uno de los halcones anti iraníes más virulentos de Washington. Además de ser un criminal de guerra.