En un sorprendente giro de los acontecimientos, el asediado mariscal de campo de los New Orleans Saints, Drew Brees, respondió directamente a Donald Trump después de que el presidente declarara públicamente su apoyo al atleta y lo amonestara por disculparse por sus comentarios insensibles sobre las protestas arrodilladas durante el himno contra la brutalidad policial y el racismo sistémico.

Brees tomó Instagram y compartió la imagen de un cuadrado gris marcado “para el presidente trump“. Con esa imagen hay un mensaje que contradice al presidente, que deja en claro que este tema no se trata de la bandera estadounidense y que durante demasiado tiempo esa excusa se ha utilizado para distraernos de los problemas reales de injusticia racial y brutalidad policial.

El mundo de los deportes se ha visto sacudido en los últimos días por la inexplicable decisión de Brees de reiterar una vez más su oposición a las protestas arrodilladas y deliberadamente perderse por completo la esencia de la campaña por parte de sus compañeros jugadores, en lugar de elegir deslegitimizar los actos calificándolos como “falta de respeto a la bandera” y utilizando el marco de mala fe que el presidente y los medios de comunicación supremacistas blancos trabajaron tan duro para promover.

Nunca estaré de acuerdo con nadie que no respete la bandera o este país“, había dicho Brees, quien luego invocó el servicio de su abuelo en la Segunda Guerra Mundial e implicó implícitamente el caso de que las protestas contra la brutalidad policial y el racismo sistémico eran una afrenta a su coraje.

Brees provocó la ira de sus propios compañeros de equipo y del mundo del deporte en general con sus comentarios, quienes los consideraron insensibles e inapropiados después del asesinato de George Floyd por parte de los agentes de policía y las protestas a nivel nacional que se han desatado desde su asesinato.

Después de un día de intensas críticas, Brees finalmente se disculpó, y por una vez, parece que finalmente aprendió su lección. Podemos pensar en algunas maneras mejores de compensar su error que contradecir públicamente al presidente y explicarle que ha elegido equivocarse una y otra vez para sus propias ambiciones políticas egoístas.

Por el momento, nos basta saber que la Bestia, que odia cuando lo contradicen, sobre todo si es públicamente, debe estar echando espuma por la boca de tanta rabia acumulada.