Una vez más heme aquí, en el camino, arremetiendo contra molinos de viento y tratando de llevar la adarga con hidalguía.

La mayoría de mis amigos que me han pedido comentar el debate, esperan quizás una arremetida torera contra el “Indeseable #2” y una avalancha de aplausos y vivas para Kamala. Pero si así fuera, entonces no sería yo el autor de estas líneas. Mi compromiso, no con la verdad, sino con lo que yo pienso que es verdad, me limita de darles siempre chocolate, cuando a veces solo tengo aceite de hígado de bacalao y par de mantecaditas. De cualquier manera se vale intentar un análisis objetivo de lo que pasó anoche.

PRIMERO, establezcamos rápido que fué un debate mucho más decente, enérgico y enfocado que el “presidencial“. Mike Pence puede que incluso sea más malvado que Trump, pero es más astuto, taimado y experimentado en los vericuetos sutiles de la política. Kamala, por su parte, intenta derrochar dulzura, pero sin duda alguna es más dura, más enérgica y más contemporaneamente hábil que el hombre que la escogió de pareja en la boleta electoral.

De aquí se desprenden dos conclusiones tan rápidas como fundamentales: la mayoría de nosotros hubiese preferido a esta pareja en la carrera (con sus pluses y minuses) y no la otra. Y segunda, pero muy esencial en este caso: los estadounidenses preocupados por la salud de Biden y la probabilidad de que termine el mandato presidencial, ahora saben que puede gustarles o no la mulata de la sonrisa bonita y el verbo rápido, pueden coincidir con ella o no, pero si llegara el momento en que tiene que tomar las riendas del país, estaríamos en buenas manos.

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SEGUNDO, fue un debate muy rico en símbolos, comenzando por el plexiglas que separaba a los candidatos: una victoria clara del equipo de Kamala, que lo exigió y lo logró aún frente a las oponencias del equipo de Pence, queriendo significar que debemos “protegernos” de todo lo que emane de la Casa Blanca actual, sean viruses o palabras. Y terminando por la mosca… ¡oh, la MOSCA! indiscutible y genial protagonista de la noche, pues la probabilidad de que en uno de los ambientes más controlados del mundo se logre colar una mosca y posarse en el único lugar con abundante cantidad de mierd* como para serle atractivo (o sea, la cabeza de Pence), pues si preguntamos a los matemáticos, debe ser de una en un millón, o en varios millones.

TERCERO, volvimos a ver en su augusta excelencia la farsa de la política estadounidense, el manejo magistral del tiempo y los hechos, en función de excluir las feas verdades o las posiciones incómodas con tal de ganar votos. Cuando ambos candidatos no querían contestar una pregunta de forma directa (como la del Cuidado de Salud o la de China) divagaban con un poco de retórica para ir gastando tiempo, contestaban con el mínimo indispensable para salvar la honrilla y agradecían internamente a la moderadora cuando decía: “Gracias, acabaron sus dos minutos“.

Cuando se trata del clima, o del cuidado de salud; uno (el cretino de pelillos blancos) sólo sabe decir que lo que ellos han hecho es mejor que lo que todos los demás han hecho, pero sin argumentos. Y la otra (la que nos cae bien… y aprovecho para reconocerlo) podría dejar al gran Shakespeare boquiabierto cuando da muchas vueltas para parecer positiva (como cuando sabiamente declina descartarse por el Nuevo Acuerdo Verde), sin llegar a comprometerse con lo que de verdad necesita el pueblo estadounidense… y lo hace de forma muy inteligente, en honor a la verdad sea dicho, porque unos cuantos dentro de este pueblo prefieren pelear por las lujosas excentricidades de sus amos, que por las terrenales necesidades de sus propios hijos.

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En resumen, después de asignar el protagonismo sublime de las remotas probabilidades a la que a partir de hoy será “Nuestra Ilustre Mosca“, la mayoría de los analistas coinciden en que Kamala ganó el debate. Comenzando por el dominio que siempe tuvo de la discusión, su habilidad para mandar a callar a Pence de manera muy elegante y su uso de la sonrisa… ¡Oh, la SONRISA! Puedo apostar a que millones de estadounidenses, cuando acudan a votar, van a recordar esa sonrisa, y la van a anteponer al ceño fruncido, a la imagen amargada, a la incapacidad de mostrar empatía de ese racista, supremacista, extremista y fanático religioso que hemos tenido cuatro años por Vicepresidente (a imagen y semejanza de su jefe, el Dios Naranja).

Habiendo llegado a este punto, y sean cuales sean los resultados del 2020, muchas probabilidades apuntan a que este debate podría repetirse, pero dentro de 4 años, en una carrera por la Presidencia entre ambos contendientes. No soy adivino. No me gusta hacer profecías. Por tanto, lo único que puedo afirmar hoy es que, entre la agilidad mental y la sonrisa de Kamala, con la ayuda celestial de la mosca, clavaron muchos clavos más en el ataud de Trump-Pence 2020. Nos dejaron un martillo y unos cuantos clavos adicionales a tí y a mi para terminar la encomienda. Así que manos a la obra. A VOTAR y GANAR en Noviembre.

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