Anoche fue el segundo y último debate presidencial entre Joe Biden y Donald Trump. Resultó un evento más civilizado, no sólo porque el equipo de Trump le adivirtiera hasta el cansancio que debía transmitir a la nación una imagen menos indecente de lo habitual, sino por la nueva regla de cerrar el micrófono al que interrumpiese. Y por supuesto, no estuvo exento de duros ataques por ambas partes.

Hoy toda la nación está enfrascada en argumentar quién fué el ganador, como resulta tradicional luego de tales debates, cuando lo que deberíamos realmente es estar cuestionando ¿qué ganamos nosotros?

Veamos de manera muy rápida algunos puntos interesantes del debate y luego pasemos al análisis de las posiciones respecto a temas y problemas que la nación tiene que resolver, que es lo que de verdad cuenta. Entre los aspectos a destacar están:

* Como siempre, Trump habló de sí mismo, de lo grandioso que él es y todo lo grandioso que ha hecho para EEUU, mientras que Biden se dirigió buena parte del tiempo al electorado, al estadounidense de a pie, a tí y a mí.

* Trump mintió descaradamente en algún momento de casi todos los tópicos, pero eso ya no nos asombra porque es su estado natural.

* Mientras que Donald Trump insiste en su división entre los estados “rojos” y “azules” (los que están administrados por republicanos o por demócratas) y deja claro que él es el presidente de los que votan republicano, Biden reafirmó su compromiso con TODOS los estadounidenses, sin importar sus preferencias políticas, si votan por él o no.

* El supuesto caballo de batalla de Trump fue acusar a Biden de que había estado más de 40 años en la política y 8 como Vicepresidente y que no había “hecho nada“, ignorando a propósito que Biden no era más que uno de los tantos miembros de un Congreso donde las cosas se deciden por voluntad de la mayoría, y que cuando estuvo en la Vicepresidencia, tanto él como Obama tuvieron que enfrentar el bloqueo del Senado controlado por los republicanos (quienes también controlaron la Cámara durante una parte importante de su mandato).

Y aún así, se aprobó Obamacare y miles de disposiciones que mejoraron el medio ambiente, los préstamos estudiantiles, la situación de los trabajadores y las minorías y muchos otros aspectos básicos de la economía y la sociedad, destacándose la recuperación económica luego del desastre de los 8 años de Bush.

* Cuando Trump quiso concentrar los ataques sobre la familia de Biden, este lo situó en su lugar dirigiéndose a nosotros, los votantes, con una frase de esas que ganan elecciones: “Esto no se trata de su familia o de la mía, sino de tu familia“.

* Trump logró sacar ciertos beneficios de su conducta, un poco menos indecente esta vez, y de las bajas expectativas que todos teníamos en mente luego de su pésima actuación en el primer debate.

* Mientras Trump alega desvergonzadamente que los líderes mundiales lo han felicitado por el manejo de la pandemia y que “estamos aprendiendo a vivir con el virus“, Biden lo pulverizó diciendo que no, que la gente “está aprendiendo a morir a causa de Trump“.

* Si bien Trump no logró el objetivo de desprestigiar a Biden con la supuesta corrupción de su hijo y los supuestos fondos recibidos de Rusia y China (cosa que nunca ha podido demostrar), Biden le asestó una formidable estocada cuando le señaló que tenía una cuenta secreta en China y que había pagado más impuestos en ese país que en EEUU, donde sigue sin mostrar sus declaraciones de impuestos, pretendiendo que nos conformemos con sus afirmaciones de que “ha pagado muchos millones“.

Y así podríamos destacar algunos otros momentos, pero prefiero que abordemos muy rápido la posición ante los TEMAS PRIORITARIOS, donde los verdaderos ganadores han sido los estadounidenses, que hoy tenemos más clara la posición de cada uno de estos dos hombres si lo elegimos presidente para los siguientes 4 años, y sobre todo, los progresistas, que aún seguimos molestos con la tibia respuesta de la cúpula demócrata ante ciertos problemas acuciantes, pero que pudimos ver a un Biden mucho más comprometido con reformas y cambios más sustanciales que las tradicionales reformas cosméticas.

CUIDADO DE SALUD: Clarísimo que Trump derogaría Obamacare, haciendo automáticamente que 20 millones de personas pierdan su cobertura médica y que otros muchos millones tengan un peor acceso a los servicios médicos, mientras que no tiene ningún plan para reemplazarla (excepto gritar que “lo hará mejor“, como ha hecho por 4 años). Biden, por su parte, aunque no llega al cuidado de salud universal (o Medicare Para Todos), dejó claro que considera la salud como un “derecho” y no un privilegio, que no eliminaría los seguros privados, pero impulsaría una opción pública competitiva, todo dentro de un plan bien estructurado que se ha hecho público desde hace meses.

EL SALARIO DIGNO: Trump sigue en la posición de los retrógrados y oportunistas conservadores de que no se puede subir el salario, cuando Biden confirmó la necesidad de incrementar el salario mínimo a $15 dólares por hora para hacer accequible a todos la Canasta Básica.

EL MEDIO AMBIENTE: Trump reafirmó su rechazo al Acuerdo de París y su compromiso con la industria de los combustibles fósiles y los elementos contaminantes provocados por la insaciable avaricia corporativa. Biden no llega a lo planteado en el Nuevo Acuerdo Verde, pero insiste en una transferencia organizada y paulatina hacia formas alternativa de energía, reconociendo que hay que evitar, a toda costa, llegar al punto de no retorno en la conservación del Planeta, mismo que tenemos ya muy cerca.

LA INMIGRACIÓN: Aunque trató de enmascarar un poco su discurso, para Trump los inmigrantes siguen siendo “la peste” y su odio hacia ellos (o hacia nosotros, pues todos de una forma u otra somos o hemos sido producto de la inmigración) se le sale por encima de la piel. Biden ratificó la justa lucha por ayudar a los “Soñadores“, mantener DACA y encontrar soluciones estables y definitivas no sólo para ellos, sino para los 11 millones de inmigrantes indocumentados que hoy viven, trabajan y pagan impuestos en el país, sin que esto signifique una política de “fronteras abiertas” como nos han querido hacer creer.

RACISMO y DISCRIMINACIÓN: El actual Presidente, aún cuando insistió descaradamente que “era la persona menos racista de toda la audiencia“, no se retractó de su apoyo a la supremacía blanca, o de sus burdos ataques a Antifa y BLM, y no pudo esgrimir ningún argumento serio más que despotricar que “nadie ha hecho más que él por los negros“, excepto “quizás” Abraham Lincoln. Biden no se extendió demasiado en el tema, pues dejó que su historia hablase por él y se limitó a reafirmar su posición contra el racismo sistémico impulsado por esta administración y su deseo de gobernar por igual para blancos, negros y de cualquier color o raza.

En fin, quién ganó el debate, pues lo sabremos realmente cuando estén los resultados de las votaciones. Por el momento, además de aplaudir a la moderadora Kristen Welker, nos congratulamos de tener mucha más claridad sobre qué futuro espera a nuestro país y al mundo en dependencia de la persona por la que votemos. Confiamos en la sabiduría, la decencia y el buen tino de una gran parte de los estadounidenses para delinear y pelear duro por un futuro sin Trump y acólitos en el horizonte.

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