Era inevitable que el enfoque circular de pelotón de fusilamiento que los candidatos demócratas a la presidencia han empleado en sus recientes debates haya sido armado por agentes políticos republicanos.

Por tanto, no fue sorprendente cuando una secretaria de prensa regional para el Comité Nacional Republicano del Congreso, Camille M. Gallo, le fue encima a la farsa verbal del multimillonario ex alcalde de la ciudad de Nueva York – y ex republicano – Michael Bloomberg cuando casi gritó que él había “comprado” la elección de 40 escaños en el Congreso para los demócratas en las elecciones intermedias del 2018.

Bloomberg se contuvo antes de que pudiera decir la palabra completa, diciendo:

“Hablan de 40 demócratas. Veintiuno de ellos son personas en las que gasté cien millones de dólares para ayudar a elegirlos”, respondió Bloomberg a las acusaciones de la senadora Elizabeth Warren de que había ayudado a financiar las campañas de varios senadores republicanos. “Todos los nuevos demócratas que entraron y pusieron a Nancy Pelosi a cargo y le dieron al Congreso la capacidad de controlar a este presidente, yo los compré, yo soy su dueño”.

La Sra. Gallo extrapoló de las matemáticas de Bloomberg para componer un ataque tuiteado literalmente falso a uno de los legisladores que se beneficiaron de sus contribuciones legales a la campaña, la congresista Lucy McBath (D-GA).

Jordan: La secretaria de prensa del NRCC envió a una mujer negra desde el sur un cartel que decía “En venta” sin una pizca de remordimiento.

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El truco publicitario del operativo del Comité Nacional Republicano del Congreso que implica que el Representante afroamericano McBath es de alguna manera corrupto, comprometido y “En Venta” debido a que aceptaba dinero del candidato ahora demócrata para la nominación presidencial no solo era de un gusto insoportablemente pobre dado el historia de esclavitud en su estado sureño, sino increíblemente hipócrita.

Como empleado de un partido que ha aceptado millones de la Asociación Nacional del Rifle, con un porcentaje de los fondos de la NRA sospechosos de ser canalizados ilegalmente por oligarcas rusos, de compañías farmacéuticas que buscan mantener los precios de los medicamentos en Estados Unidos como los más altos del mundo, de la industria energética que ha aplaudido la desregulación del Partido Republicano y la apertura de tierras públicas controladas por el gobierno federal para la exploración y explotación, y de muchos otros intereses especiales, la ceguera voluntaria de Gallo a los carteles de “En Venta” prácticamente cubrió a todos los candidatos republicanos de una afrenta que nadie sabe como van a poder limpiar.

¿Quizás la Sra. Gallo agradecería que la inundaran con solicitudes enviadas por correo de copias de los recibos de contribución de la campaña para las donaciones a todos y cada uno de los miembros republicanos del Congreso para que podamos ver por quién fueron comprados y vendidos? O tal vez se dará cuenta de que las personas con techos de vidrio delgados no deberían arrojar piedras sobre los demás.