Tal vez, dado que Donald Trump sabía que su aparición en Daytona 500 se transmitiría en una red que pertenece a Fox, pensó que podría lanzar un discurso de campaña y transmitirlo a la audiencia televisiva cautiva que esperaba ver a los autos de carreras comenzar a acercarse a la pista.

Desafortunadamente para Trump, la cadena que transmitió la carrera en la que fue nombrado Gran Mariscal, un título que seguramente apeló a la exagerada sensación de imperio del presidente, fue Fox Sports, donde el imperativo es ganar dinero con los comerciales, no actuar como retransmisor de la propaganda egocéntrica de Trump.

Entonces, en lugar de ver al presidente pronunciar los alardes, insultos y andanadas de los que generalmente se conforman sus discursos de campaña dondequiera que vaya, la red cortó sus comentarios antes de transmitirlos a sus espectadores.

Aún más irónicamente, debido a la compra estratégica de anuncios organizada por los asesores de medios del candidato presidencial demócrata Michael Bloomberg, esos espectadores en casa pudieron ver un anuncio político atacando al presidente creado por la campaña de Bloomberg.

Agregando insulto a la lesión, Fox Sports tampoco transmitió el paseo triunfal de Trump por la pista de Daytona en su limusina presidencial.

Mientras que los partidarios de Trump en Twitter se volvieron apopléticos por el desacuerdo aparentemente deliberado, si quisieran ver el discurso del presidente, simplemente podrían haber recurrido al otro canal, a Fox News, que transmitió el discurso que su canal hermano ignoró y cuya programación de contenidos es realmente apropiada para la cobertura de temas políticos.

Con suerte, más canales evitarán darle al presidente el tipo de exposición gratuita en los medios que él explotó con tanto éxito durante su campaña del 2016.

Con el panorama fracturado de los medios de hoy que requiere el gasto de sumas de dinero cada vez mayores para alcanzar el mayor número de personas con mensajes de campaña, uno anhela los días en que la FCC hizo cumplir la regla del tiempo igual que requiere que cada medio de comunicación ofrezca una cantidad equivalente de tiempo aire a cualquier punto de vista opuesto que transmitan y la ya desaparecida “doctrina de equidad” que “requería que los titulares de licencias de transmisión presentaran cuestiones controvertidas de importancia pública y que lo hicieran de una manera que, en opinión de la FCC, era honesta, equitativa y equilibrada“, como lo resume Wikipedia.

Como un ser aparentemente alimentado por la atención de los medios que atrae, sería interesante ver qué pasaría si los medios de comunicación simplemente decidieran ignorar a Donald Trump por completo y no mencionar su nombre o mostrar su rostro durante unas pocas semanas. Es probable que el Trumpismo, si no el propio Trump, simplemente se marchitaría y moriría sin el ciclo constante de auto-refuerzo de indignación y atención.