Estamos en medio de una de las peores crisis de la historia moderna y necesitamos urgentemente un liderazgo real. Desafortunadamente, nos encontramos ante la presidencia de un conductor de programas de juegos, despistado, que ahora confía en el consejo de coronavirus de su yerno y magnate inmobiliario de los barrios marginales que, para ser claros, no tiene antecedentes médicos en absoluto.

Según Vanity Fair,  Jared Kushner ha estado ofreciendo chifladas panaceas al presidente y contándole sobre “tratamientos experimentales” de los que ha aprendido hablando con personas en Silicon Valley. Trump, desesperado por una salida fácil de esta situación global, se los está tragando.

“Jared está trayendo teorías de conspiración a Trump sobre posibles tratamientos”, explicó un republicano.

Si bien no está fuera de lugar dado su larga historia de coqueteo con las teorías de la conspiración, sigue siendo profundamente inquietante pensar que el presidente confía en ideas similares a las de Alex Jones en lugar de consultar con el ejército de profesionales médicos a los que tiene acceso.

Está claro que Trump está mucho más preocupado por sus posibilidades de reelección que por la salud y la seguridad del pueblo estadounidense.

No tiene ningún interés en arremangarse las mangas y hacer el arduo trabajo de llevar a este país durante los próximos meses, por lo que tiene sentido que tenga la esperanza de encontrar una solución rápida para salvar su presidencia. Quiere una solución fácil, aunque no efectiva.

“Trump es como un niño de 11 años que espera que el hada madrina le traiga una píldora mágica”, dijo un funcionario de la Casa Blanca.

Para empeorar las cosas, Kushner también ha estado murmurando al oído de Trump, alegando que los temores sobre el virus son exagerados y que los medios están exagerando el riesgo, una perspectiva aterradora dado los primeros reclamos de Trump de que el virus no era más que un “engaño demócrata“.

Claramente, él es excepcionalmente susceptible a este tipo de narraciones paranoicas. Dos fuentes dijeron a Vanity Fair que la situación es tan mala que el vicepresidente Mike Pence se ha quejado ante Trump sobre la influencia de Kushner en el grupo de trabajo sobre el coronavirus.

Finalmente estamos viendo el alcance total del error masivo que este país cometió en el 2016. Ahora, más que nunca, necesitamos un presidente y, en cambio, estamos atrapados con este estafador y su torpe y despistada familia. Expulsarlo de su cargo este noviembre es, literalmente, una cuestión de vida o muerte.