Trump cuenta con la Resurrección para dar nueva vida a la economía estadounidense y, por extensión, a sus posibilidades cada vez más reducidas de permanecer en la Casa Blanca después del Día de la Inauguración 2021 en un momento en que muchas personas se preguntan si vivirán lo suficiente para ver ese día auspicioso.

Siendo la capacidad de atención de Trump más corta que la vida de una partícula generada por la explosión de una estrella, se ha debilitado su paciencia con las recomendaciones casi unánimes de los expertos en atención médica para mantener aislados a todos en el país que no tenga un trabajo imprescindible de estar abierto y lejos de sus lugares de trabajo y escuelas para evitar el aumento catastrófico en el número de estadounidenses infectados que abrumaría la capacidad de nuestros sistemas de salud.

Ahora el presidente promete poner fin a las restricciones de cuarentena y hacer que las personas vuelvan a trabajar, y en el rango de contagio, para el domingo de Pascua.

Explicó por qué en una entrevista con la única red que ahora no está cortando sus informativos de prensa sobre el coronavirus desinformado en el momento en que comienza a difundir información errónea peligrosa, Fox News.

(El clip es el segundo en el hilo de Twitter a continuación).

Trump explica por qué eligió la Pascua como el día en que quiere terminar con el estricto distanciamiento social y reabrir los negocios estadounidenses: “La Pascua es un día muy especial para mí … el domingo de Pascua, y habrá lleno de iglesias en todo nuestro país”.

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La loca idea de Trump de agrupar a las personas reunidas en iglesias como la antítesis perfecta para el distanciamiento social que pudo haberles salvado la vida hasta ese punto es similar a los planes de un supervillano malvado con un plan cobarde para sacrificar la manada de humanos crédulos dispuestos a comprometerse su fidelidad a un falso mesías en una fiesta religiosa que él tuerce para sus propios fines.

Es difícil determinar si la estupidez de la idea del presidente se ve compensada por su malevolencia e interés propio, pero con todos estos factores en juego, es suficiente decir que el pueblo estadounidense simplemente debe ignorar a Trump, sus empleadores o cualquier otra persona que los insta a terminar prematuramente su período de aislamiento social y no a mantenerse a salvo a sí mismos y al resto de la población al mantenerse alejados de otras personas hasta que los expertos médicos de buena fe les aseguren que es seguro hacerlo.

Aún así, la aparente creencia de Trump de que puede ordenar a las personas que pongan fin a sus cuarentenas impuestas por el estado y la ciudad para resucitar mágicamente la economía a tiempo para el domingo de Pascua requiere un nivel de fe tanto en su inteligencia como en su competencia, lo que tampoco ha ganado de ninguna manera durante esta crisis de salud o en el resto de su presidencia que la precede.

Y si el propio Trump termina atrapando el coronavirus que ya se está extendiendo por el capitolio de la nación e infectando a políticos prominentes como el senador Rand Paul, es mejor que creas que Trump no solo jurará que se refería a la Pascua del 2021, sino que sus oraciones por la resurrección serán fuertes y quejumbrosas.