Mientras el presidente Trump se preparaba para su visita de estado al Reino Unido hoy lunes, se las ha arreglado ya para ofender a la familia real británica, y a toda Gran Bretaña, antes de siquiera pisar el país.

La controversia comenzó cuando Trump insultó al nuevo miembro adulto de la familia real, la duquesa de Sussex, conocida como Meghan Markle, antes de dejar su papel principal en la serie de televisión “Suits” para casarse con el Príncipe Harry, hijo del Príncipe Carlos y la difunta Lady Diana.

El presidente estaba siendo entrevistado por el tabloide británico The Sun, propiedad de Rupert Murdoch, cuando se le informó de los comentarios de la duquesa durante las elecciones presidenciales del 2016, cuando ella calificó a Trump de “misógino” y “divisivo” y prometió su voto a su rival Hillary Clinton.

Proclamando su ignorancia sobre las opiniones bastante publicitadas de sus políticas por parte de la bi-racial duquesa, Trump respondió con una respuesta que estuvo completamente en línea con su total falta de habilidades diplomáticas.

“No lo sabía. ¿Qué puedo decir? No sabía que ella era tan desagradable”, dijo el presidente, haciéndo eco de su habitual manera de describir a Hillary Clinton como una “mujer desagradable”.

Gran parte de Gran Bretaña está en pié de guerra por la visita oficial de Trump y el globo de Trump Bebé volará nuevamente sobre la Plaza de Trafalgar en medio de las protestas programadas durante su visita para expresar la oposición a sus políticas internacionales, por lo que el presidente debió haberse dado cuenta de que estaba patinando sobre hielo muy delgado con su insulto.

Rápidamente trató de cambiar el rumbo diciéndole al periódico que “ella se desempeñará de manera excelente” y que será “una muy buena” princesa estadounidense.

Dado que al presidente Trump ya se le otorgó solo el mínimo de la pompa oficial y las circunstancias que normalmente se muestran a un dignatario visitante de un aliado internacional tan importante, y dado que el heredero del trono, el príncipe Carlos, es un ecologista acérrimo con opiniones diametralmente opuestas sobre el cambio climático que las del presidente, la metedura de pata diplomática de Trump seguramente hará que las tensiones con la familia real durante su visita sean aún más extremas de lo que hubieran sido de otra manera.

La propia crisis política de Gran Bretaña, con un gobierno provisional dividido sobre cómo avanzar con Brexit, su partida caóticamente planificada de la Unión Europea (UE), después de la renuncia de la primera ministra Theresa May, solo hace que el momento de la visita de Trump sea más incómodo, especialmente porque planea reunirse con los líderes nacionalistas británicos de derecha para presionar por un “Brexit duro” sin un acuerdo comercial negociado con la UE, lo que probablemente arrojaría al Reino Unido a la agitación económica.

Solo podemos consolarnos con el hecho de que por ser la segunda visita del mes del presidente al extranjero, al menos las costas estadounidenses estarán libres de la presencia de Trump por unos días más.