Para ser un líder revolucionario, Bernie Sanders ha demostrado ser muy dócil. El Senador junior del estado de Vermont es un orador tenaz que habla con grandilocuencia al proponer ideas atrevidas que, asegura con frecuencia, transformarían a la sociedad americana. Sin embargo, a pesar de su bravura y la retórica de confrontación, en medio de un contexto de trampas y total indiferencia hacia sus ideas y la de sus seguidores, el senador Sanders continúa siendo un bien portado compañero de equipo, lejos de ser el agitador disruptivo del que se le acusa.

La revolución de Sanders es más parecida a la revolución conservadora de Newt Gingrich que a un evento histórico transformador, digamos como fueron las revoluciones francesa o cubana, si la revolución conservadora de Gingrich estuviera bajo el Prozac.

Seamos honestos, el Comité Nacional Demócrata (DNC por sus siglas en inglés) ha arruinado estas primarias de todas las formas imaginables, y no hablo de problemas técnicos ni demoras en dar los resultados. Hablan de la importancia existencial de derrotar al presidente Trump en noviembre, pero se comportan como si nada fuera fundamentalmente distinto. Se refieren al presidente Trump como la mayor amenaza que ha habido nunca al experimento americano con la democracia, pero nos ofrecen al insípido, blando y poco inspirador Joe Biden, y mienten, empujan y fuerzan al electorado a juntarse alrededor del antiguo vice-presidente.

Saliendo de las arduas primarias del 2016, líderes del DNC hicieron un llamado a la unidad. Luego de la derrota de Hillary Clinton, la unión dentro del partido y la necesidad de vencer a Trump como meta principal de los demócratas, eran la comidilla que impulsaba la agenda del partido. Pero los Demócratas han demostrado una y otra vez que prefieren cantar Kumbaya a juntarse como hermanas y hermanos, y vivir el significado del viejo himno espiritual.

De algún modo, en una traición no antes vista, ideas que habían estado en el centro de los valores Demócratas, algunas datando del siglo antepenúltimo, fueron objeto de burla y caricaturizadas por nominados Demócratas a la presidencia, uno tras otro. En la elección más importante de nuestras vidas, viniendo de una derrota descorazonadora en el 2016 que muchos atribuyeron a la divisiones dentro del partido, el DNC ha decidido descartar al senador Sanders y a sus seguidores como algo menos que legítimo, como si no fueran necesarios. Tal vez, envalentonados por una participación récord en las primarias y la ola azul de las elecciones intermedias del 2018, el DNC siente que puede dar la vuelta en Noviembre sin tener que seducir a la joven y leal base progresista del Senador Sanders. Se equivocan, pero están en lo cierto.

Si el senador Sanders estuviera llamando a una revolución de veras, entonces la estrategia Demócrata estuviera equivocada. Si el movimiento del senador Sanders fuera una revolución de veras, en esta crítica elección, entonces se postularía por un tercer partido, forzando a los Demócratas a escoger entre tenerlo a él o a Trump cuatro años más en la Casa Blanca; porque las revoluciones de veras son hostiles, confrontacionales, caóticas, transformativas. Un servidor público de carrera septuagenario es muchas cosas, pero revolucionario no es una de ellas, y el DNC lo sabe. Los demócratas puede que hayan esquivado una bala, pero por cuánto tiempo.

El grito de guerra de “vote blue no matter who” (vota azul sin importar por quién) puede que sea suficiente para impulsar al candidato Demócrata a la cima en Noviembre. Pero, no se equivoquen, un voto en Noviembre por Joe Biden es en realidad un voto en contra del presidente Trump. El coco del otro lado puede que de miedo suficiente para que la línea aguante, lo que obliga a la pregunta: ¿Entonces, qué? ¿Qué pasará cuando no haya un Trump ante quién unirse? ¿Podemos confiar en un hombre que ha caminado sonámbulo todo el proceso de nominación para liderar al partido hacia el futuro? ¿Hay futuro para un partido que se rehúsa a dar espacio a los votantes jóvenes?

No es necesaria una bola de cristal para saber que la agenda del senador Sanders es popular. Encuesta tras encuesta han mostrado que ideas como el Medicare for All (Medicare para todos), el perdón de la deuda estudiantil y un salario mínimo de $15.00 la hora son populares.

La experiencia nos ha mostrado que los compromisos y las medidas tibias no son suficientes para lograr los cambios que necesita y quiere la mayoría de los americanos; uno no necesita buscar más allá del Afordable Care Act (más conocido como Obamacare), para hallar prueba de ello. La historia nos ha mostrado que las revoluciones exitosas son llevadas a cabo no por la mayoría del pueblo, sino por una minoría determinada e implacable. La base del senador Sanders ha demostrado tener la pasión para ser esa minoría. No van a desaparecer y cada vez se manifiestan más frustrados. Aún más importante, Bernie Sanders no siempre estará ahí y el próximo líder tal vez no quiera jugar con las mismas reglas. Los Demócratas esquivaron una bala porque la revolución a la que tanto temen no es tal, todavía.

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Yosvani Oliva Iglesias es un poeta, ensayista y crítico cultural cubanoamericano. Su poesía ha aparecido en publicaciones literarias como Ediciones Al Aire, La Otra Esquina de las Palabras y Neo Club Press, así como en la antología de poetas en el exilio Exodus: Versos Desde Afuera.

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Artículo publicado originalmente en Inglés en SuIndependent.com