Tu situación laboral actual es el punto de partida en tu búsqueda de empleo y define lo apurado o desesperado, lo motivado o frustrado, e incluso lo capacitado que puedas estar en tu búsqueda de empleo.

Los “tipos” de situación laboral que podemos encontrar son, entre otros:
Estás empleado, pero no realizado: tienes un trabajo que no está mal, pero o bien no paga la cantidad a la que aspiras, o bien no sientes que estás empleando tus capacidades y habilidades al máximo, o quizás no se te reconozca tu labor como piensas que te mereces… En fin, tienes trabajo, te da para vivir, haces algunas cosas útiles pero quieres más porque sabes puedes dar y recibir más. Es un momento casi ideal, con tus necesidades básicas cubiertas, para buscar algo mejor, donde aplicar tus esfuerzos y realizar tus sueños.

Estás empleado, pero muy frustrado: tienes un trabajo que te da un cheque semanal o quincenal, pero no te alcanza para vivir; lo que haces está muy lejos de tus posibilidades personales y profesionales; no ves oportunidad de desarrollo y te sientes cada vez más subvalorado y más frustrado. Ya casi no resistes más. Estás a punto de renunciar o de provocar con tu actitud que te  saquen del trabajo. Hay que encontrar otro trabajo, pero en lo que llega, sabes que puedes resistir un poco más… que debes resistir un poco más.

Estás empleado, pero no sabes cuanto dure: la inestabilidad es el sello distintivo de tu situación laboral actual, sabes que en cualquier momento puedes quedarte sin el empleo por la causa que sea (no le caes bien al jefe; se prevé una reducción de plantilla, tu empresa está a punto de perder el contrato con el cliente al cual das servicio directamente, etc.), cada semana o incluso cada día puede ser el último. La prisa por encontrar empleo es grande, hay que moverse rápido, pues no sabes cuando tu situación empeorará (y si no consigues algo más estable, seguro empeorará).

Estás empleado, pero es temporal y se acaba pronto: ya sabías que no iba a durar mucho. Has visto el trabajo como un alivio temporal a tu situación económica, pero sabes que el día X está cada vez más cerca. Aún no te gana la desesperación, pero debes considerar cualquier opción, a largo plazo o incluso temporal, que te permita ganar tiempo.

Estás desempleado:  no tienes trabajo, estás en casa y te sientes como fiera enjaulada. No sabes cómo pagar las cuentas, o te sientes muy mal porque otros miembros de la familia han tenido que asumir los pagos que te corresponden. Urge encontrar empleo, el que sea, a tiempo completo o parcial, y por el plazo que te lo den, con el sueldo que sea y las condiciones que sean… o casi… (dependiendo de los meses que lleves sin empleo).
Ahora es importante que definamos el  por qué llegaste hasta ahí. Si le preguntamos a 100 personas que estén en cada una de esas 5 situaciones, lo más seguro es que el 80% de ellas comience a enumerar causas externas: “que si el jefe es un hijo de la gran…”; “que si la empresa es una basura”; “que si la crisis económica acabó con el mercado y casi no hay trabajo”, “que si los dueños cada día quieren ganar más y están reduciendo personal”… y un largo etcétera de “acusaciones” a terceros o a fenómenos que pueden ser muy ciertos, pero están fuera de nuestro control.
Pudiéramos extendernos en esto durante horas, pero no ganaríamos nada. Lo único que vale la pena, lo único que realmente puede ayudarte a salir de la situación en que estás, es reconocer que:

EL ÚNICO RESPONSABLE ERES TÚ

Si lo haces honestamente, estarás dando el PRIMER PASO hacia la SOLUCIÓN de tu problema. Ya te veo diciendo: “…bueno sí, pero es que…”… y no hay “peros” si quieres avanzar. Puede que tengas razón en todos los argumentos que pongas sobre la mesa, pero ninguno te va a resolver tu problema.
Si te enfocas en tí y exclusivamente en tu persona, más que las causas que te llevaron hasta donde estás, comenzarás a ver aquellos puntos, aquellas direcciones en las que puedes mejorar para lograr tus objetivos. Por ejemplo:

Adquirir nuevos conocimientos y habilidades: así serás más útil en tu trabajo actual y cuando llegue la reducción no te tocarán a tí; o estarás mejor capacitado para lograr otro puesto en otra compañía.
Mejorar tus relaciones dentro de tu comunidad laboral. Quizás debas ser más tolerante respecto al jefe o a algunos colegas; o bien mejorar algunos aspectos de tu carácter que te llevarán a ser más apreciado por los demás.
Inscribirte en las Bolsas de Empleocontactar Promotores laborales (head-hunters), participar en Ferias de Empleocomprar cada semana el periódico local para buscar ofertas…, en fin, ser más proactivo en la búsqueda de empleo.
Reactivar tu red de contactos: tus amigos de la infancia, de la escuela, del barrio actual y del otro en que viviste hace algunos años. Seguramente alguno de ellos puede ayudarte, o conoce a alguien que lo puede hacer.
Comenzar a utilizar las Redes Sociales (Facebook, Linkedin, Instagram, Twitter…) no sólo para socializar o subir la foto del perrito haciendo sus monerías (o “perrerías”) habituales, sino para desarrollar relaciones y contactos profesionales que te acerquen a es empleo que tanto necesitas y/o quieres.
Como ves, esas cosas, y muchas otras que iremos abordando en estas páginas, sí dependen de tí.
Sólo se trata de comenzar a actuar. AHORA.