Mientras Donald Trump continúa su rabieta vociferante de perdedor sin concesiones inminentes, la mayoría de la gente está asumiendo que, ya sea que lo saquen a rastras de la Casa Blanca dando patadas y gritos o que de muy mal humor se vaya por la puerta trasera en desgracia, Joe Biden será el 46o presidente de los Estados Unidos.

La acción política real ha pasado de las demandas desesperadas del Partido Republicano que desafían la legitimidad de los recuentos de votos a las elecciones de segunda vuelta del Senado en Georgia que se llevarán a cabo en enero.

Los ganadores en la segunda vuelta de Georgia determinarán si el presidente electo Biden tendrá una mayoría demócrata en esa cámara legislativa que pueda ayudarlo a comenzar a revertir el daño que instigó su predecesor y a aprobar el proyecto de ley de alivio de la pandemia, estancado durante mucho tiempo, que se ha impedido incluso siendo llevado a debate por el líder de la mayoría del Senado, Mitch McConnell.

Una de los dos senadores republicanos en ejercicio del estado que intentan retener sus escaños después de no lograr una mayoría del 50% en las elecciones recientes es la senadora Kelly Loeffler (R-GA), quien se postula contra el reverendo Raphael Warnock, el pastor principal de la renombrada Iglesia Bautista Ebenezer de la ciudad de Atlanta.

Loeffler es considerada particularmente vulnerable en la segunda vuelta porque, como rica propietaria de una franquicia de la WNBA designada para su puesto por el gobernador de Georgia Brian Kemp después de que el exsenador Johnny Isakson renunciara por razones de salud, nunca se postuló ni ganó una elección anteriormente.

También ganó notoriedad considerable cuando se descubrió que se deshizo de millones de dólares en acciones de empresas que eran vulnerables a las recesiones comerciales durante la pandemia de COVID-19 después de recibir una sesión informativa privada del Comité Senatorial de Salud, Educación, Trabajo & Pensiones sobre la propagación de la enfermedad, antes de que se diera a conocer a la ciudadanía la noticia del enorme riesgo que suponía el virus.

Con la ética personal de Loeffler tan deplorable como demuestra este episodio de tráfico de información privilegiada, no sorprende que las personas que contrata para su personal sean igualmente condenables.

La secretaria de prensa de Loeffler, Caitlin O’Dea, ha sido objeto recientemente de escrutinio en las redes sociales después de que resurgieran varios de sus viejos tuits que mostraban un nivel aterrador de condescendencia hacia Georgia y la subsección de sus habitantes que típicamente votan por los republicanos, generalmente una mala mentalidad de poner en exibición cuando su jefa está luchando por ganar sus votos en un estado donde Biden ganó a duras penas una victoria contra Trump en un sorprendente cambio del estado que ha sido ganado por los republicanos en las elecciones más recientes.

A Loeffler aparentemente le gusta contratar personas que podrían ser su doble, tanto física como en sus actitudes políticas, ya que el cabello rubio y los labios finos de O’Dea podrían convertirla en un doble de cuerpo para su jefe.

Aparentemente, la animosidad de O’Dea va más allá de un desprecio esnob hacia sus ciudadanos menos sofisticados y se extiende a sus creencias tuiteadas que han generado acusaciones de racismo, homofobia e islamofobia … al menos antes de bloquear su cuenta de Twitter y eliminar una selección de sus publicaciones anteriores. Adicionalmente a lo expresado arriba, esto agregar unos cuantos “esqueletos” más al closet de la senadora en disputa.

Afortunadamente, una investigadora que publica como Resist Programming en la plataforma de redes sociales logró conservar ejemplos de los tuits de la secretaria de prensa de Loeffler que demuestran cuán perfectamente encajan sus actitudes con el Partido Republicano de la era Trump, a los cuales les puedes echar un vistazo aquí (en inglés).